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viernes, septiembre 24, 2021

Memorias falsas: Cuando la mentira es la verdad

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¿Cómo funciona la memoria? ¿Qué elegimos recordar? ¿Por qué no siempre somos fieles a lo que realmente ocurrió? Desde las discusiones en la vida cotidiana hasta las fake news y los testigos que señalan culpables ilusorios los recuerdos nos pueden traicionar. “La mayoría de nuestras memorias son falsas”, advierte la bióloga e investigadora Cecilia Forcato.  Una nota de Daniel Giarone para Télam.

Allá, al otro lado del río, en Fray Bentos, vivía un tal Ireneo Funes. Un orillero taciturno que había quedado tullido al caer del caballo y que desde ese mismo día gozaba de lo que era un don y a la vez un suplicio: una memoria prodigiosa, milimétrica; el dolor de recordar absolutamente todo, la imposibilidad de pensar.

Esa es la historia que Jorge Luis Borges cuenta en “Funes, el memorioso” (1944), donde ejerce su fascinación por la erudición y la memoria. Pero, ¿qué sucedería si lo que recuerda Funes no se correspondiese con la realidad? ¿Qué pasaría si lo que recordamos fuera infiel con los hechos, con aquello que vivimos o creemos haber vivido?

Solemos pensar que el cerebro elabora la memoria como lo hace el disco duro de una computadora, que recibe información tal como viene de origen, sin alteraciones ni interferencias. Pero lo que sucede es mucho más complejo. La memoria se construye y en ese proceso hay reconstrucción y reproducción de los recuerdos. Hay, por lo tanto, falsas memorias.

“Las memorias falsas son recuerdos de hechos que no existieron o que no se recuerdan tal cual cómo sucedieron”, explica a Télam Cecilia Forcato, bióloga y directora del Laboratorio de Sueño y Memoria-ITBA.

Cecilia Forcato, bióloga y directora del Laboratorio de Sueño y Memoria ITBA (Foto Télam)

Y agrega: “Se puede implantar una falsa memoria entera de un evento que nunca ocurrió; también modificar la memoria parcialmente, es decir, incorporar detalles que no ocurrieron de la forma en que los recordamos y damos por ciertos”.

Algo de esto sucede en la vida diaria. Muchas de nuestras discusiones cotidianas se nutren de falsas memorias, de encarnizados contrapuntos sobre hechos que no ocurrieron como efectivamente los recordamos.

Las memorias falsas también se articulan en la vida social. Pueden ser determinantes, por ejemplo, en las ruedas de reconocimiento de las que muchas veces se vale la Justicia para condenar a una persona después de haber sido “reconocida-recordada” por participar de un delito que no cometió.

Cómo se forma la memoria

Hay un período, conocido como ‘amnesia infantil’, a partir de los 3/4 años de edad, en el cual se produce el olvido de las memorias episódicas formadas durante el período postnatal. Sin embargo, estas experiencias pueden influir sobre nuestro comportamiento adulto y se ha demostrado que con recordatorios apropiados se pueden recuperar estas memoria., aunque no lo hagamos de forma consciente”, explica Forcato, quien también es investigadora del Conicet.


Esa capacidad de recuperar recuerdos forma parte de la construcción de la memoria, de su formación. Sin embargo, “la formación de una memoria no es instantánea, sino que tiene una dinámica temporal”.

“Codificamos la información de los estímulos que recibimos en circuitos neuronales. En este primer estado la memoria es lábil, se puede interrumpir. Recién después empieza a establecerse. Es el momento de la consolidación, del guardado de la información. Es el pasaje de una forma vulnerable de la memoria a uno estable. Esto no es inmediato, puede durar horas o toda la vida”, destaca.

Así la memoria puede concebirse como un proceso, como un edificio en permanente construcción. “A medida que vamos evocando la información –detalla Forcato- la misma se reactiva en el hipocampo y se transfiere a la corteza cerebral, que es donde están las memorias más viejas, por ejemplo las de la infancia, las que se almacenan para toda la vida”.

La especialista recuerda que es principalmente durante el sueño cuando “ocurre la migración desde el hipocampo (centro de almacenamiento primario y temporal de la información) a un centro permanente, que es la corteza cerebral. Entonces se forman las memorias a largo término”.

Los experimentos que realiza Forcato en el ITBA.


Cambia, todo cambia Si bien sabemos que un recuerdo puede deteriorarse con el tiempo creemos que no puede ser modificado. Damos por cierto que el cumpleaños de 15 donde conocimos a la que muchos años después sería nuestra esposa o el día en que a Maradona “le cortaron las piernas” van a quedar inalterables en la memoria.

Forcato considera que “hasta hace un tiempo se pensaba que si se adquiría determinada información esta quedaba almacenada y no se podía modificar. Lo único que se podía hacer era que esa memoria caiga a través del olvido, sin que se pudiera modificar el contenido”.

Sin embargo, la investigadora señala que esto no resultó ser así: “Si exponés a una persona a claves que hayan estado presentes en el momento de la adquisición de esa información, la memoria puede labilizarse nuevamente y durante el proceso de reestabilización (reconsolidación) modificar su contenido”.

“Esto puede ser útil -indica- para modificar memorias maladaptativas, por ejemplo fobias, mediante tratamientos basados en la reconsolidación. También podría utilizarse este proceso para fortalecer memorias, por ejemplo en adultos mayores que ya tienen deterioro en la memoria, o en el ámbito educativo”.


“Cuando la memoria está abierta, está lábil, podés ‘perjudicarla’, mejorarla o incorporar nueva información dentro de esa misma memoria. Cuando se está restableciendo y se cierra con esa nueva información, ya se queda con esta última”, advierte.

Es o no es, esa es la cuestión El Laboratorio de Sueño y Memoria que dirige Forcato colabora desde julio de 2019 con Innocence Project Argentina, una ONG que trabaja en todo el mundo con personas que sufrieron una sentencia judicial injusta. Su labor consiste en detectar la formación de falsas memorias en testigos que participaron en ruedas de reconocimientos que terminaron en condenas sobre inocentes.

“Sólo en Estados Unidos hay más de 2700 revocaciones de condenas firmes por errores, siendo los reconocimientos equivocados uno de los factores más importantes de esas fallas”, cuenta a Télam Manuel Garrido, presidente de Innocence Project Argentina y ex Fiscal de Nacional de Investigaciones Administrativas.

De acuerdo a cifras de la ONG, sobre 311 exoneraciones que produjo la justica estadounidense en 2013 el 71% de las condenas se debió a errores en la identificación de sospechosos por parte de testigos.

Para Garrido este fenómeno también está presente en la Argentina, aunque es mucho más difícil de cuantificar. Además, destaca que “los errores en los reconocimientos tienen que ver con la memoria de las personas y también con los procedimientos deficientes a la hora de realizarlos”.



“Gran parte de nuestra construcción del pasado es falsa… pero en cualquier caso la tomamos como verdadera. Y esa es tu historia”


En cuanto a la memoria de los testigos el ex fiscal señala que esta “no es fotográfica y que se ve afectada por el paso del tiempo y por situaciones de estrés”, sumado a que la rueda de reconocimiento en sí también altera los recuerdos.

A esto suma deficiencias en los procedimientos, entre los que enumera “la falta de control sobre el reconocimiento; el conocimiento del policía que organiza la rueda de quién es el sospechoso; el policía o funcionario que directamente le dice al testigo que reconozca a tal o a cual acusado; y el modo en que se conforma la rueda y la manera en que se la integra”.

“En las ruedas de reconocimiento puede haber un rostro similar al del verdadero autor del hecho. Desde el Laboratorio planteamos que esta cara parecida podría desencadenar la labilización del rostro verdadero (es decir, abrir esta memoria)”, explica Forcato.

Entonces el testigo no solo no miente sino que está convencido de señalar a un inocente. “Tiene la nariz diferente, la boca diferente, los ojos diferentes, pero se incorporan esos nuevos rasgos en la memoria original que la persona ya tenía. Por supuesto que esto depende también de cuán fuerte era la memoria inicial y de cuánto tiempo estuviste re-expuesto al rostro del verdadero culpable”.

“Si posteriormente se vuelve a realizar una rueda de reconocimiento, el testigo puede seguir acusando al inocente aún en presencia del verdadero culpable ya que la memoria estaría reestablecida con los nuevos rasgos”, señala la experta al repasar los aspectos que el Laboratorio tiene en cuenta en su colaboración con Innocence Projet.


Y suma: “La inducción a una falsa memoria llega también cuando la policía te señala a tal o cual sospechoso en una rueda de reconocimiento, el discurso de autoridad también funciona en ese sentido”.

“Somos malos reconociendo caras”, apunta Forcato, dado que “comparás y tendés a elegir al más parecido. Lo rostros deberían presentarse de a uno, no todos juntos, reduciendo la posibilidad de crear una falsa memoria porque ya no estarías comparando”.

Codificación y contexto

El contexto en el que suceden los hechos, la información (y su codificación) y los estímulos que recibimos también resultan claves para entender cómo se forma la memoria. “Tenemos muchísimos estímulos a nuestro alrededor y focalizamos la atención en un punto muy pequeño. El resto lo completamos”, explica Forcato.

“Con el tiempo -agrega- de lo que te vas a acordar es solo de qué se trataba el evento. Los detalles se van perdiendo. Cuanto más tiempo pasa es más difícil recordar qué sucedió realmente. Nos acordamos de lo general. Los detalles que no caigan en el punto de atención se van a transformar fácilmente”.

Identificar la fuente de una información es importante para intentar eludir la memoria falsa. “Estamos todo el tiempo codificando información y es muy importante para el cerebro saber de donde viene esa información”, destaca la directora del Laboratorio de Sueño y Memoria.

“Cuando la memoria está abierta, está lábil, podés ‘perjudicarla’, mejorarla o incorporar nueva información”


Me acuerdo de un caso -agrega- en el que se dio el nombre de una persona que no había participado de un hecho delictivo pero que igual había sido reconocida. Los testigos pueden buscar por Internet, ver la foto y esos datos se pueden colar en el momento en que estás codificando la información, la ponés ahí cuando no es de ahí, porque esa persona no estuvo donde decían. En el proceso de consolidación o reconsolidación de la memoria se pueden alterar los hechos por estas vías”.

La proximidad temporal también es importante a la hora de recordar. “Vos vivís un hecho, esa memoria se está consolidando, pasas por otro lugar donde hay una persona parecida y podés poner a esa persona en el lugar anterior”, detalla Forcato.

“La memoria episódica tiende a caer rápidamente, lo mismo que la memoria de rostros. Lo que más recordamos es el contorno de la cara, no los rasgos, que los podemos cambiar”, arguye.

Yo sé que todo es mentira


“La mayoría de las memorias son falsas”, advierte Forcato. Y detalla: “Con el tiempo sufrimos todo tipo de contaminaciones: lo que nos contaron nuestros padres, los discursos de autoridad, las distintas fuentes de información cuyas versiones hacemos propias, etcétera. Gran parte de nuestra construcción del pasado es falsa. Puede serlo completa o parcialmente, pero en cualquier caso la tomamos como verdadera. Y esa termina siendo tu historia”.

La memoria constituye la subjetividad. Lo que somos también tiene que ver con lo que recordamos. “Cuando codificamos bien la información es más difícil tener un error de monitoreo. Ahí es cuando logramos recordar qué es lo que realmente pasó, qué elemento pertenece a cada lugar y es mucho más difícil intercambiarlos”, asegura la experta.

Además, “el cerebro guarda a largo plazo la información con novedad, la más saliente, la que tiene alta carga emocional, por ejemplo. Es decir, todo lo que sea relevante para el futuro”, asegura Forcato.

Es ese futuro el que tendemos a enfrentar. Con sus medias verdades y sus mentiras a medias. Porque como escribió Eduardo Galeano, recordar no es más que volver a pasar por el corazón.


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