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jueves, septiembre 16, 2021

El periodista que inspiró una novela sobre paraguayos que querían echar a Stroessner

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Rubén Ayala Ferreira vive hace 60 años en Posadas, pero siendo joven integró el 14M, un movimiento que buscó la liberación paraguaya del dictador Alfredo Stroessner. Su accionar inspiró a Eduardo Torres a escribir la novela El hombre que le sonrió a la muerte y que hoy ponemos a disposición de los lectores de PM, Ayala Ferreira padeció cárcel y torturas pero al fin, pudo escaparse. Su periplo bien merece ser recordado una vez más

Dos protagonistas (Claudio y Cayetano) se internan en la selva paraguaya para tratar de sacar del poder a Alfredo Stroessner. Saben que es una decisión muy difícil. Pero lo intentarán de todos modos. Y saben que hay muchos riesgos para sus respectivas parejas: Candelaria y Fortunata.

De allí que como dice el escritor misionero Aníbal Silvero, la obra de Eduardo “Balero” Torres es más especialmente, “un precioso tributo a la mujer paraguaya, en Candelaria y Fortú, entre otras mujeres que sobresalen por su fortaleza, entereza e hidalguía”.

El contenido de la obra está disponible en esta página. El lector podrá acceder a una copia en formato .PDF. Sólo tendrá que hacer click sobre la imagen de la portada

“Cuando Ayala Ferreira me contó sus desventuras me di cuenta: eso fue determinante para escribir esta obra de ficción donde me permití tomarme algunas libertades para completar una idea sobre los comportamientos de un conjunto de hombres y mujeres apasionados, audaces y valientes”.

Así lo explicó Eduardo “Balero” Torres cómo fue la génesis de esta obra que hoy el lector puede acceder.

La historia de un sobreviviente

Pero hay otra parte que el lector puede conocer. Así como con un simple click podrá tener una novela completa en su PC o tablet o celular, también puede encontrar aquí cómo fue la verdadera aventura de Ayala Ferreira contada por él mismo.

Aunque las notas fueron publicadas con anterioridad, nos tomaremos en reponer el texto completo de las mismas porque valen la pena ser revisitadas.

Rubén Ayala Ferreira ha sido periodista por décadas y es reconocido en gráfica, radio y televisión

Esta es la nota que se gestó en febrero de 2021 y se publicó tiempo después.

Está preocupado Rubén Ayala Ferreira. Sí. Acaba de recibirme. Está esperando con dos equipos de mate, una gentileza de rigor, en virtud de los tiempos que corren. Y busca el mejor lugar para él y para mí. Soy el visitante que viene a hablar sobre su aventura en las selvas paraguayas y brasileñas, por sus arriesgadas intenciones de liberar al Paraguay querido del dictador Alfredo Stroessner. Y, claro está, por haberla pasado tan mal en manos de los esbirros del régimen, muchos de ellos –se sabe- portan de un sadismo digno de estudio de todas las escuelas psicológicas y psiquiátricas del mundo. Sólo que, en ese esquema de análisis, Rubén –junto a otros compañeros suyos- puso el cuerpo.

Está preocupado. Paraguay siempre lo preocupó. Desde que era un pibe (un mita-í, como dicen allá) hasta hoy que tiene 82. Paraguay siempre estuvo ahí. Hoy es sábado, a la tardecita (como decimos acá) y su preocupación son las comunicaciones que recibe de hermanas suyas que están en su patria natal.

-Es que dos de mis sobrinas tienen coronavirus y el sistema está colapsado allá.

Toma aire, escucha otro ‘plin’ de señal de mensaje entrado y vuelve a tomar su celular ahí al costadito de donde charlamos. Está rodeado de libros, documentos, papeles. Todos de su época cuando quiso ser revolucionario y liberar a Paraguay del tirano. Se prepara para recordar pero su prodigiosa memoria con fechas, lugares, frases en guaraní y en castellano, se siente más segura si tiene este apoyo documental.

Pero ahora, su preocupación no es más que la situación de querida patria nativa. Y habla con sus familiares, que desde allá le transmiten las cuitas…

-No, no se puede (habla bajo, dice algo en guaraní). Es imposible. No las van a poder traer acá…

Corta.

¿Sabés qué pasa? No sé cómo explicarle a mi gente que no pueden traer a nadie. Aunque yo fuera el Presidente. No podrían entrar al país. Imaginate, si acá echaron a un ministro por el vacunatorio VIP, ¿mirá si voy a poder hacer algo?”

Su razonamiento es correcto. Básicamente, lo que trasunta este hombre es una rabia concentrada por décadas contra los “colorados”. Esa facción que gobernó el país durante tantos años. Y que no se va del poder. Y que maltrató a su familia y a todos los liberales. Siempre.

Su única ilusión floreció en la época del presidente Lugo. Sí. Fue una flor. Duró lo que una flor.

Rubén Ayala Ferreira tiene la tele prendida y mira…¡sí, mira televisión del Paraguay! Está todo el día pendiente de noticias por internet, radios y también la tele. Ahí está el SNT, el clásico canal privado que se reproduce en Argentina.

Desplegando la memoria

A Misiones, Rubén llegó casi de contrabando. Integraba en 1959 el movimiento 14M que intentaría derrocar por las armas a Alfredo Stroessner, el militar que estaba en el poder desde 1954. Igual, en esa ocasión, conoció poco pero le gustó mucho la ciudad que era un poco más que un pueblo grande. Y cuando todo hubo pasado, volvió a Posadas. Y ya no se fue.

“Estaba con Ada (López) y ella buscó ‘Peña Hermosa’ en el Google Earth. ¡Y lo encontró! Qué maravilla decía yo, porque ahí se puede ver y yo puedo apreciar todo lo que hicimos en aquella época que no sólo no tenía celulares, ni mapas, ni teléfonos, ni televisión, ni nada. Y, sin embargo, nos escapamos”.

Ada López (“mi amiga”) es una periodista especializada en agro y trabaja en LT17, la radio provincial. Han compartido horarios de aire y fuera de micrófono también. Y ella encontró Peña Hermosa en los extensos campos que unen el norte lejano de Paraguay con los esteros de Mato Grosso, los mismos que van dando lugar a una zona denominada Pantanal.

También, como Ada López, he tenido la suerte de compartir horas y horas con Rubén Ayala Ferreira en la redacción de El Territorio.

Ahí, en algunas de esas horas muertas que a veces componen el trabajo también, Rubén –al pasar- contó que había estado preso del tirano y que había logrado escapar por la selva y los pantanos del norte paraguayo. Y que había ingresado a la Argentina por la zona de Foz de Iguazú. Pero no mucho más.

Hasta ahora.

Ahora, vamos a contar la historia de punta a punta.

Ayala Ferreira ya lo ha hecho. Y varias veces.

En 2011, el Ministerio de Derechos Humanos con el Dr. Edmundo Soria Vieta impulsó la publicación de “Misiones historias con nombre propio”, dos libros de relatos en primera persona o de familiares sobrevivientes a los desaparecidos por el terrorismo de Estado.

En el segundo tomo, está el testimonio de Rubén Ayala Ferreira. Se titula: “Guerrilla, prisión, huida y periodismo”. Sí, esas cuatro palabras parecen resumir una existencia de muchos (e intensos) vaivenes.

-El polaco (Ricardo Manuel) Odzomek escribió un lindo ensayo y síntesis sobre el M14. Por su cuenta. Quería sacar un libro y luego de fallecido, su esposa Liliana Mantulak ahora quiere reactivar.

Y ahí está el trabajo del conocido animador del famoso programa “A fueye, mate y guitarra”, un programa folclórico de años por LT17.

Hay muchos libros.

El que impresiona se denomina “El hombre que le sonrió a la muerte”, y es de Eduardo “Balero” Torres.

Es una novela. Queda aclarado.

“Cuando Rubén Ayala Ferreira me relataba sus experiencias en el Movimiento 14 de Mayo sentí que escuchaba la descripción de una novela”, señaló Torres, en el principio aclaratorio de su libro,

Y aquí mismo lo ponemos con autorización de su autor la posibilidad de acceder a esta novela de forma gratuita.

Cualquiera podrá bajársela como un material PDF en su computadora y leer. Se trata de una recreación con elementos de ficción del M14 y cómo esos intrépidos paraguayos (aunque hubo argentinos también) intentaron seguir su camino de ideales.

Al final de esta primera parte, Rubén Ayala Ferreira aclara que sí es familiar (sobrino-nieto) de Eligio Ayala, que nació en Mbuyapey, el lugar natal de Rubén.

“Era lo que denominamos mi tío abuelo. Es considerado por propios y extraños, como el presidente más honesto que tuvo el país. Yo llegué a conocer a su hermano mellizo Emilio Ayala”.

Según acota, fue presidente de la nación guaraní en los años 30, previos a la guerra del Chaco paraguayo. “Llegó a comprar las dos cañoneras (cosa que no quería lo mismo que desdeñaba el conflicto armado) y que fueron vitales durante la guerra y que luego, por esas vueltas de la historia, una de ellas sirvió para albergar al general Juan Domingo Perón en septiembre de 1955”.

                                                 FIN DE LA PRIMERA PARTE

El hombre que quiso liberar el Paraguay II

Rubén Ayala Ferreira conoció Posadas en 1959. Formaba parte de los paraguayos que querían derrocar a Alfredo Stroessner. El movimiento se llamó 14M (por el 14 de mayo, fecha de la independencia paraguaya). Y querían a través de las armas echar al tirano que gobernaba con mano dura y el manejo del Partido Colorado la nación vecina.

En 1959, el año empezó de manera muy especial. Los barbudos de Fidel tomaron La Habana luego de vivir en los montes de la Sierra Maestra. Echaron al dictador Batista, en principio apoyados por Estados Unidos y se instalaron en el poder.

Este evento constituyó un fuerte impulso al ansia libertaria de muchos en América latina. Entre ellos a Juan José Rotela, el líder que Rubén Ayala Ferreira conoció en Buenos Aires y que influyó de manera notable en la decisión de venir a luchar contra Alfredo Stroessner.

Rotela ya vivía en Buenos Aires cuando Ayala Ferreira llegó junto a varios compañeros del secundario que no deseaban trabajar para el régimen de Stroessner. “Para ser empleado público, algo a lo que podíamos aspirar, tenías que afiliarte al Partido Colorado”, explicó.

Y tanto Ayala Ferreira, como Rotela venían de familias liberales. Muy. Y tenían cero simpatía con el régimen y sus colores.

“No nos quedó otra que irnos a Buenos Aires. En principio, para buscar un futuro mejor. Mis primeros recuerdos sobre la vida política de mi país son de 1947. Gobernaba Higinio Morínigo y vino la revolución de 1947, una cosa fratricida tremenda y muy sangrienta. Stroessner. Yo tenía nueve años. Morínigo era colorado. Y todo era muy sangriento. En el interior, se mataba a quien se quería; se robaba a quien se quería con la certeza de que nadie les iba a decir nada. Había, para qué negarlo una gran impunidad”, memora Ayala Ferreira.

“Recuerdo que con mi mamá y una hermanita mía fuimos a una estancia. Y que nos salvamos porque uno de los integrantes de la fuerza (los opositores eran revolucionarios y los otros eran la “fuerza”). Bueno, uno de los integrantes era alumno de mi mamá en la escuela. De lo contrario, quizá nos hubieran torturado y quizá, hasta violado a mi mamá”.

Y la memoria se sigue desgranando.

“Y ahí huimos de Mbuyapey: nos fuimos a San Lorenzo, luego a Aceval que tenía una fábrica de azúcar. Mi papá era ingeniero agrónomo ya que había estudiado en Entre Ríos. Luego volvimos a Mbuyapey. Ahí fui a estudiar en la escuela y luego ya me mudé a Asunción (que está a unos 170 kilómetros de Mbuyapey) a la casa de mi abuela para hacer el secundario. Comercio N 2 de Asunción y me recibí de Perito Mercantil. Vuelvo a Mbuyapey de vacaciones y unos compañeros de curso me mandan un telegrama: me invitaban a acompañarlos a vivir a Buenos Aires”.

Hasta ahora, mis hermanas me dicen: “Cómo fue que mamá (ella decidía, y no papá, -se ríe, Rubén-) te autorizó irte a los 18 años a Buenos Aires”.

Y Rubén se responde. “Y, la verdad, es que no sé…”

Es que la actividad como empleado público estaba desechada. Y en el sector privado, había poca demanda. ¿Qué se podía hacer?

“Lo cierto es que me fui. En un barco que se llamaba Berna. Y llegué a Buenos Aires. Fui a la pensión de una paraguaya. Habrá sido en diciembre de 1956. Me fui entre los cuatro que nos recibimos”.

Un joven que no sabe qué hacer con su vida. Pero de repente, algo parece iluminarse. ¡Hay un futuro!

“Y llegamos; al poco tiempo aparece en escena un líder natural. Se llamaba Juan José Rotela. Joven, de unos 26 años. Un carisma poseía. Él venía y estaba con nosotros, los recién llegados. Una verba que te convencía de cualquier cosa. Imaginate que era capaz de convencerte de agarrar un fusil y de ir a meterte en territorio paraguayo: era una cosa de locos”, reflexiona hoy con el paso de los años Rubén Ayala Ferreira. A veces, pareciera que ni él cree que hizo lo que terminó haciendo.

“En la villa donde estábamos todos eran simpatizantes de Rotela. Hablaba y la gente lo adoraba”.

Datos del líder

Juan José Rotela era oriundo de Ybytymi, una localidad del departamento Paraguarí. Era hijo de Estanislaa Rotela Candia y su padre, un militar brasileño, Pedro de Lacerda. El hombre nunca reconoció a Juan José ni a sus otros dos hijos que tuvo con Estanislaa. Algunas biografías lo dan por nacido en 1939 en Yegros, una localidad de donde era su madre. Pero Rubén Ayala Ferreira insiste: “Él era de Ybytymi. Juan José Rotela era presidente del Centro Liberal Ybytymiense. Y esto queda cerca de Yegros”. Si lo dice nuestro informante, le damos el crédito.

Rotela, luego de la revolución del 47, se muda con su madre y sus hermanos a Buenos Aires. Sólo vuelve a Paraguay cuando debe hacer el servicio militar. Y de allí, retorna a Buenos Aires. Cada vez más convencido de que había que echar a los que gobernaban su país.

Ahí es donde la vida de Rotela se cruza con la de Ayala Ferreira.

“Hacemos reuniones en las villas donde había muchos paraguayos. Había una incipiente formación de villas. Cuando eso era más por razones políticas que económicas. Hoy es al revés. Encontramos una efervescencia política tremenda. Y no había otra forma, según Rotela. Nos convenció de que había que echar a Stroessner y no por métodos convencionales y democráticos”.

Ahí Ayala Ferreira se planta y reflexiona. Siente que algo tiene que decir. Sabe que hay implícito un planteo acerca del uso de la violencia para obtener resultados políticos.

“Si se piensa en el final de Stroessner cuando fuera derrocado, esto ocurrió por la fuerza de un golpe. Y eso nos termina dando la razón. Es que después de 30 años, Stroessner seguía ganando por el 98% de los votos. Y después ratificamos eso, porque el general Andrés Rodriguez lo derrocó por la fuerza. Así también utilizó el arma para echarlo. Nos dio la razón, unos (cuantos) años después sobre este tema”, afirma.

Con la memoria intacta, recita: “Fue el 3 de febrero 1989 cuando tumban a Stroessner”.

Entre otras acusaciones, señaló que Stroessner se apoderaba de muchísima tierra. “Él y su gente. El papá de este presidente Mario Abdo Benítez era uno de ellos. Manejaban el poder con toda impunidad”.

Nace el 14M

En Facebook, hay una página que se llama movimiento 14 de Mayo. Y explica de qué se trató. “El M14 fue una organización armada de base popular formada por jóvenes exiliados, en su mayoría miembros del Partido Liberal y del Partido Radical Febrerista

Ayala Ferreira vuelve sobre la personalidad de Juan José Rotela.  Tras conformarse el Movimiento 14 de Mayo, Rotela comienza la tarea de persuasión y obtener soldados para su causa.

“Hay que ser muy capaz para convencer a alguien a que entregue su vida en pos de un ideal. No era que veníamos a comer un asado… Esa capacidad de convencimiento y motivadora muy alta”.

Para escuchar cómo arengaba Rotela, vaya este audio

Allí aparece otra figura que tendrá protagonismo. “Estaban Rotela y Mario Esteche también, que era el segundo de él. Lo llamaban “pico de oro”, por su capacidad oratoria”.

Y llegó el momento de pasar a la acción.

“Vinimos a Posadas en tren. Viví en casa de un compatriota que estaba sobre Ivanowski casi Corrientes, don Cleto González. En las afueras, practicábamos con armas”, recuerda.

“Yo hice el servicio militar en Paraguay. Se llamaba Centro de instrucción militar para Formación de oficiales de Reserva (Cimes For). Al ser estudiantes, hacíamos en nuestras vacaciones. Hice dos de esas; la tercera no se hizo más porque Stroessner tenía miedo de una rebelión”.

Las armas fueron conseguidas de dos maneras. “Los proveedores: había una parte del ejército argentino que apoyaba la insurrección (por ejemplo, el general argentino Guillermo Toranzo Montero) y luego vino el gobierno Arturo Frondizi. Y por el otro, se realizaban distintas formas de juntar dinero, rifas, quermeses, empanadas, lo que fuere. Y así se fue logrando”.

Respecto de saber a fondo las cuestiones del 14M, pone cierta distancia. “Era tan joven que poco me interesaban detalles. Cuanto menos cosas sabés de algo que es secreto, mejor.
No es como un partido político que podés averiguar la plataforma…Y todo esto era bastante top secret. Yo muchas cosas con 18 años era alguien que sabía muy poco”.

Y quizá aquí viene lo más importante que tal vez, hoy en esta época de millenials y con influencers que cobran por cada mención que hacen en redes sociales, tal vez sea absolutamente incomprensible.

“Participamos de ese movimiento no para nuestro beneficio. Ni siquiera de modo aspiracional. Con 20 años, no podés ser secretario de un Ministro ni nada que se le parezca. Sólo buscábamos la liberación integral del hombre paraguayo. Ese era nuestro lema. Íbamos contra el dictador o tirano”.

El disparador, los barbudos de la isla

“A nosotros nos dio aliciente el triunfo de la revolución cubana. Ellos no eran comunistas todavía. Eso es importante recordarlo, porque una de las acusaciones más injustas y falsas del stronismo es que éramos comunistas. En Cuba, había una cruz cuando juraron como las autoridades en La Habana. Castro estudiaba con los Jesuitas”, precisa.

“Y, sí. Eso nos entusiasmó. El 1 de enero de 1959 ellos echan al gobierno de Fulgencio Batista. Y nosotros ingresamos el 12 de diciembre intentan ingresar a Paraguay. O sea, once meses después”.

¿Cómo fue la revolución que echó a Batista? En este video se pueden apreciar algunos detalles

Volviendo a la realidad que se vivía en estas tierras, se dice que fue demasiado a la vista de todo el mundo. Algunas fuentes sostienen que fue el ataque más anunciado de la historia. Que se transmitían las noticias por emisoras internacionales como radio Colonia y que muchos estaban al tanto que la invasión se iba a producir. Que algunos periódicos ya lo daban por hecho.

Y ahí aparecen unos personajes desagradables.

Se los ve mucho en los dibujos animados de Disney. Siempre está el protagonista y héroe y su contrafigura. Y al héroe lo acompañan unas figuras simpáticas que suelen entregar momentos divertidos. Y al villano, lo acompañan unos seres espantosos y llenos de maldad que están sólo para hacer daño.

Si acá tenemos al héroe (14M) y la contrafigura (Alfredo Stroessner), los simpáticos amigos del héroe pueden ser Rotela y Esteche entre otros.  Y del otro lado, los seres que acompañan al malvado de la historia son los “pyragüés”: ya su nombre sugiere una cosa espantosa. “Pie peludo” o “pelo del pie”. Como todo en el idioma guaraní es figurado. Lo cierto que el pyragüé es un informante, alguien que está infiltrado entre los tuyos pero no es tu amigo, ni compañero ni camarada. No. Es un traidor que se hace pasar por alguien de confianza.

“Había un desplazamiento de gente extraña muy evidente. Había pyragüés sin lugar a dudas y Posadas era chica entonces. Y se sabía en Posadas y obviamente en Encarnación. Y el cónsul paraguayo aquí era un tal Ortiz Telles y era el jefe de los pyragüés: él comandaba todo”.

“Hay que cruzar”

“Y llega la decisión de ingresar al Paraguay. Una noche 12 de diciembre a la madrugada (se detiene, piensa en voz alta) el Anfiteatro no estaba todavía. Bueno, ahí estábamos. La mayoría estaba en la parte de abajo, de lo que es hoy el Anfiteatro. Hay unos caminitos más raros por ahí. Salían para irnos a lo que era el balneario el Brete”.

Algo llamó la atención de Ayala Ferreira. “Pero veíamos en el Parque había gente observando nuestros movimientos. Y tenían automóviles y prendían y apagaban la luz. Y pasaban mensajes al frente.

¿Y qué íbamos a hacer nosotros? ¿Ponernos a disparar a esos en el auto? No…no podíamos”.

Ahí, Rubén Ayala Ferreira toma un respiro, vuelve a pensar lo que pasó, por qué fracasaron, por qué no se pudo llevar a cabo el cometido. Y sí, la conclusión sigue siendo la misma.

“Fue todo muy precario”.

Fin de la segunda parte

El hombre que quiso liberar el Paraguay III: Tiempo de dolor

Sí, Rubén Ayala Ferreira, con todo su idealismo a cuestas, participó de esa acción militar alocada y falto de preparación. El 12 de diciembre de 1959 a la madrugada, cuando contaba con 21 años, junto a otros guerrilleros decidieron entrar por cinco lugares distintos a tierra paraguaya para intentar un levantamiento popular y derrocar a Alfredo Stroessner.

Eran paraguayos que vivían en Argentina y deseaban fervientemente liberar al Paraguay y tener una patria sin tanta corrupción ni violencia política.

Eran tres canoas a remo. Y todo con una precariedad para una preparación tan extensa. Con más de un año haciendo los preparativos.

Llegamos al balneario y aparecen dos personas, Edmundo Mondo e Iván Leandro Pereyra que eran los remadores.

Las columnas liberales se concentraron en Posadas y las febreristas en el Alto Paraná misionero, y realizaron prácticas militares de tiro y uso de armas. “Íbamos a las afueras de Posadas y ahí hacíamos tiro”, recuerda Ayala Ferreira.

Algunas crónicas sostienen que los puntos de entrada fueron Posadas, Puerto Rico, Eldorado, Puerto Península y Puerto Iguazú. Y el frente donde estaba Ayala Ferreira era llegar a Encarnación (la capital del departamento Itapúa) y allí tomar los destacamentos policiales y militares.

Cuando le consulté a Rubén Ayala Ferreira si tenían pensado tomar también la sede del Gobierno, dudó.

“No, no creo. En ese momento los gobernadores eran apenas unos delegados del gobierno central. Lo que importaban eran el destacamento militar y la sede de las fuerzas policiales”.

Volviendo a las crónicas: El plan completo de combate consistía en que Encarnación sería el punto de cabecera. Los demás frentes debían adentrarse rápidamente hacia territorio paraguayo para tomar poblados y sumar gente para el golpe final que sería en Asunción; allí estaba establecida otra columna a la espera de los insurgentes para tomar definitivamente el poder. Esa era la intención, al menos.

“Fue todo muy precario”, insiste con pena Ayala Ferreira. Eran tres canoas a remo. Y todo con una precariedad para una preparación tan extensa. Con más de un año haciendo los preparativos. Llegamos al balneario y aparecen dos personas, Edmundo Mondo e Iván Leandro Pereyra que eran los remadores”.

En ese mismo momento, Juan José Rotela viajaba junto a ellos en una tercera canoa.

“Intentábamos cruzar el río y, me da vergüenza admitirlo, nos rendimos sin tirar ni un tiro”.

Los estaban esperando. Una de las clásicas lanchas que se usaban para el cruce de pasajeros de Posadas a Encarnación había sido alistada. En el techo, donde los pasajeros solían poner sus bultos –clásicos del tráfico de pacotilla- estaba instalada una ametralladora lista para disparar.

“La lancha venía con motor parado y estaban seguros que éramos nosotros. Estoy seguro de que les avisaron desde este lado. (Ironiza): no puedo decir que les avisaron con celulares porque no había! Pero que sabían, sabían. Porque sabían que esa iba a ser la noche ya que había pyragüés metidos adentro del grupo nuestro. Y después los mataron. Incluso alguno como el capitán Parra que tenía que estar cruzando con nosotros se sospecha que era uno…”

-Con las lanchas ¿los estaban esperando?

Sí. Las mismas que cruzaban mercadería. Encima de la lancha, tenían la ametralladora. Esas eran las de cruzar el río. Bueno, ahí donde la gente ponía su carga, ahí tenían las ametralladoras. A disposición de ellos quedamos.

El relato incluye lo que Ayala Ferreira escuchó aquella noche aciaga

-Íbamos y he visto, algo que venía en la oscuridad. No funcionaba el motor. Sin ruido y se dejaba guiar por la corriente. Nosotros con el remo, mamita querida. No cabíamos más de seis en cada canoa.

De golpe, nos gritan:

¡Alto pepytá pee aña memby!

(Alto, quédense quietos hijunagransiete!)

“Con la ametralladora que nos apuntaba. Fuimos tan precarios…”

Ahí viene otra reflexión.

“Si bien nosotros íbamos decididos, tampoco era para ser carne de cañón. Si te enfrentás con una lancha que te puede balear y con una ametralladora…”

Así el relato sigue.

“Cuando (Arnaldo) Clérici me pregunta ‘¿qué hacemos?’, yo me doy cuenta que estaban disparando, pero no en nuestra dirección. Disparaban al agua” (eran como tiros de advertencia para que se rindieran).

“Busqué la canoa de Rotela. Las dos nuestras íban parejas. Pero la de Rotela se había desviado. Y la perdí de vista en medio de la noche. Sé que desembarcaron, pero nunca más lo pude ver al pobre tipo. Sé que entró al Paraguay. Y volvió a salir. Luego de dos meses ingresó nuevamente al Paraguay y desde ahí ya no supimos más nada de él. Supuestamente nos decían que en territorio paraguayo nos estaban esperando para apoyarnos”.

La tercera canoa con Rotela al frente se desvió de su curso y se dirigió hacia San Juan-í, un poblado cercano a Encarnación, y logra tocar tierra paraguaya con éxito.

Aunque Ayala Ferreira no puede atestiguar qué pasó efectivamente con Rotela, hay varios documentos que indican lo que pudo ocurrir.

El grupo de Rotela entró, salió y volvió a entrar. Casi todos fueron bárbaramente asesinados.  A mediados de 1960, derrotado y sin esperanzas, luego de dos meses y diez días de deambular sin éxito por las selvas de Caazapá y Alto Paraná, Rotela era capturado en la zona de Paranambú, a orillas del Paraná.

Juan José Rotela fue ultimado junto a sus compañeros. Como de la columna de Rotela no volvió nadie con vida, las circunstancias de su muerte no se pudieron precisar y su cuerpo se encuentra desaparecido. Mario Esteche Notario (1996) dice que la muerte de Rotela se consumó en el campo de concentración de Tapytá, departamento de Caazapá el 30 de junio de 1960 por la tropa del General Patricio Colmán. Este dato coincide con el relato de un entrevistado, soldado por ese entonces, que lo vio por última vez en Tapytá y sabía que se trataba de Rotela porque sus jefes le daban cigarrillos y lo trataban con más respeto que los otros prisioneros y cree que su cuerpo fue sepultado en un bosquecillo del lugar…”

Tiempo de “cantar” (el pepino crudo estaba rico)

Apenas detenidos, los frustrados revolucionarios fueron interrogados por las fuerzas paraguayas.

Los primeros en “cantar” fueron los remeros. “Estos argentinos (Edmundo Mondo e Iván Leandro Pereyra) después me culparon a mí de que yo los obligué a pasar remando. Y, sí… A veces estás preso, querés salvarte… No los acuso de nada”.

Y, como para desglosar una anécdota futbolera, cuenta. “Este Iván Pereyra era arquero de Guaraní (Antonio Franco), en la década del 50. El hijo siempre me saluda.

Rubén Ayala Ferreira no deja de nombrar a su progenitora.

“Mi mamá sabía todo lo mío y conocía lo que iba a hacer. Me imagino el sufrimiento que ella habrá padecido”.

Y volvemos a Encarnación. Están detenidos.

-¿Qué les decían?

-Nos insultaban. Bajamos ahí donde era el puerto, medio precario, todo

Todos atados con sogas en la parte de atrás. Carlitos Madelaire estaba también. El papá era el dueño de la radio y él trabajaba de informativista ahí. Fuimos prisioneros. Nos llevaron a la Gobernación (de Itapúa) en un calabozo sucio y pegado estaba la cárcel.

Ahí comenzó la tortura. Del calabozo, nos llevaban a la sala de tortura. Me sacaron la ropa, la campera, el “champion” (zapatilla)

Y atados con las manos atrás.

-Había torturas eléctricas?

-No. Ahí no. Pero en otros lugares sí.

Una noche me sacan del calabozo y me llevan a un lugar dentro de la Gobernación. Parecía un local nuevo. Ahí era la sala de tortura.

La tortura en ese tiempo era la cachiporra bajo la planta del pie.

Es de lo más doloroso que hay. Me hacen acostar boca abajo y ahí rodeado de gente con camisas coloradas, todo el mundo burlándose, te pegaban patadas por la cabeza. Y ahí, uno aguantándose todo.

Y uno se sienta encima de mí para que yo no patalee. Y otro con la cachiporra empieza a pegar en la planta del pie.

Cuando volví al calabozo, apenas caminaba. El dolor me impedía avanzar. Y más que se hincha. La cachiporra repercute por dentro. No sangra, pero se inflama. Si te dan por la cabeza, te mueve todo el seso.

Para dormir, solo se podía boca abajo. Sin cama contra el piso de tierra.

Por ahí, escucho:

-Ayala, Ayala…!

Un soldado me dice: Yo soy de Mbuyapey

-Pasame una hoja de diario para que pueda apoyar mi cara en el suelo. Después, a la noche, llegó y me trajo pepinos. No me gustaba el pepino, pero me comí. Crudo, con cáscara y todo. Era rico igual.

Más tormentos

“Una noche me sacan y me lleva a otro lugar. Había otro personaje. Un capitán o teniente, no recuerdo”.

En ese punto, Ayala Ferreira recuerda cómo había sido el entrenamiento en caso de caer en manos enemigas.

“¿Cuál era la instrucción que teníamos? Culpar a la gente que quedó en Posadas. No podés decir: ‘No sé nada’, porque algo tenés que decir.

Así que la cosa era responsabilizar a los que quedaron en Argentina. “Esos no tenían posibilidad de caer. Nunca podés culpar a los que cayeron con vos”.

Y Mondo no tenía esa instrucción porque era el remero

“Y un día le preguntan: “Quién le obligó a usted a cruzar el río?”

Abrió la puerta y mostró: “Ése que está ahí”, dijo y me señaló.

-Y yo ni lo conocía… (se ríe, para sí)

Y ahí describe otra tortura que le hicieron.

“Me dice el capitán este: sáquese el pantalón. Me tenía que arrodillar y apoyar mi tronco sobre una silla. La nalga al aire. Y te comienzan a pegar con el yatagán, un sable corto que se usa en los desfiles que va en la punta del fusil bayoneta”.

Swisshhh, swisssh, (hace el ruido). Si no te corta, te deja todo negro. Parece una morcilla.

Cuando vuelvo al calabozo le digo a Carlitos (Madelaire): -Vos tenés todo negro ahí atrás…

Y él me contesta: “Fijate el tuyo”…

Y sigue el relato sobre las estrategias de supervivencia.

“Yo decidí no aparentar el dolor que sentía. Fue mi decisión de no dar a conocer lo que me pasaba.

“Un día, llaman: “Ayala, Esteche…vengan para acá”

“Nos ataron atrás nos alzaron a una camioneta. Llevaron a una ruta. Y de repente, doblan. Pensé: Nos llevan al monte a meter un balazo por la cabeza.

Y después vino una pista de aterrizaje de avión.

Nos sentamos en unas piedras y luego llegó un avión. Nos llevaron a Asunción. Al pasar, reconocí mi pueblo Mbuyapey.

El resto de los muchachos que estaban presos fueron en colectivo. Nosotros, al menos eso, fuimos en avión.

Nos bajamos allá, con todos los militares. De todo nos decían: Legionarios, liberales, qué sé yo… Y, tenés que escuchar qué se le va a hacer.

Estuvimos varios meses en Asunción”.

FIN DE LA 3ERA PARTE

El hombre que quiso liberar el Paraguay IV:  Las piedras de Tacumbú y después, Peña Hermosa

En la cuarta parte de su relato, Rubén Ayala Ferreira sigue desgranando memorias sobre las torturas recibidas en Asunción y luego, finalmente, el confinamiento en una isla distante a 600 kilómetros al norte de la capital.

A fines de 1959, todos los guerrilleros del movimiento 14M apresados ya estaban en Asunción, la capital paraguaya.

Los tormentos y torturas no cesaban en la búsqueda de información y Rubén Ayala Ferreira era uno de los apuntados. Entre otras cosas, porque lo consideraban uno de los líderes en la intentona.

“Está la Jefatura de Policía sobre calle Presidente Franco frente a la Catedral. Y ahí nomás, cruzando la calle está la Brigada de Investigaciones. Y el jefe era Erasmo Candia. Tenía el pelo cortado a rapé, ojos azules. Un nazi. Nervioso. En algún rapto de ira, me tiró un tintero por la cabeza”, recuerda.

Llegaron ahí, había muchos presos. Quedaron en un pasillo. Les llevaron una comida.

A la noche, lo que no quería oírse: “Esteche, Ayala”.

“Cruzamos la calle y llegamos al despacho del jefe de Policía. Estaban dos generales, uno era un tal Cáceres del comando de aviación.

“Si no estaba el general acá, éste (por mí) iba a ser la comida principal y éste (por Esteche) iba a ser el postre”, dijo amenazante..”.

Y ahí conoció el látigo usado para los tormentos.

“Era un teyuruguay (látigo). Y estaba Colgado con el cuadro de Stroessner atrás.

“Ahí estaba trenzadito. Y la cena pasó a ser trenzadito y la cachiporra el postre. El mayor Parra, un pyragüé, les había pasado la información. O sea, pyragüé es un pie peludo. Aún hoy en día el uso de la palabra sigue vigente. No es una traducción literal. Para la profesora Betty Chavez es “pyragué” sin las diéresis ya que este complemento de la lengua castellana le da otro sonido a la expresión guaraní. “Eso señalara un vocablo nasal”, aclaró.

-El jefe de Policía dice: Llévele a estos. No vaya por el centro.

“Y yo me pregunté: ¿A dónde me van a llevar?

Fue a un lugar que era el casino de oficiales la policía. Era un sector donde funcionaba la sala de tortura.

“Llegamos estaban jugando al billar. Nos sentaron en un banquito.  Al rato sale un muchacho de un cuarto oscuro y gritaba ‘Ndaikuaavéima’ (“Yo no sé qué más voy a hacer / No sé nada más”).

Y entra Esteche y lo torturan. “Él sabía mucho más que yo”.

Al rato, sale y se va.

Y luego me miran a mí: “De éste ¿qué vamos a hacer?”

“Es raro lo que ocurrió. Se trataba de un argentino de apellido Raimondi que estaba allí. Decían que era un un peronista que especialista en torturas y lanza una frase brutal: “Este fue a Mbuyapey a formar montoneras y está negando…”

Y el reclamo del torturado a seis décadas, sigue sonando. “Y a mí no me preguntó nadie si fui a formar montoneras en Mbuyapey”.

Seguían en el casino. “Al rato entre los que estaban jugando a la pelota. Era un grupo de unos seis policías que llegan y están jugando a la pelota en shorcito se habían sacado el uniforme, uno me dice: Ahí está la canilla. Agarrá el balde y llená la pileta enlozada que hay ahí con agua”.

Entonces me dice: sáquese la ropa.

Y viene uno con un cuaderno y me dice:
“Contá bien todo. Esteche ya contó y a vos te conviene resguardar tu físico, sos joven…, me lanzó como advertencia”

Y la primera pregunta es: “¿Dónde están las armas que ustedes metieron por San Antonio?” (lugar cerca de Asunción).

Y ahí el viejo/joven Ayala Ferreira se resiste. “Primero no metí ningún arma por San Antonio.  Y segundo tampoco iba a contar nada”.

Ahí quedó desnudo atado de pies y manos. Estaban los seis y otro con un cuaderno.

“Luego viene uno y me da un golpe en la panza y adentro de la pileta.

Un golpecito de descarga eléctrica y te sacan.

Y ahí te preguntan: Remombe’úta ¿piko? (“Vas a contar?)

“Esa frase me retumbó por años en la cabeza”, dice y la vuelve a repetir. Los ecos siguen sonando.

“Lo que me preguntaban, a mí no me correspondía saber. Entonces, como para tirar algún dato, yo hablaba en contra del doctor Carísimo que se quedó acá en Posadas. Y que estaba en contra nuestro, de paso nomás… de esto y aquello. Porque algo tenés que decir. No te quedés callado. Porque es peor”.

¿Remombe’úta ¿piko? Te sacaban y te metían. Y la descarga.

-Aparece Esteche… Y le pregunto: “¿Dónde estabas?

“Y, yo le dije que sabía dónde estaban las armas”.

“¿Y…?”

-Y me llevaron a la casa de un Colorado. Nos echó a patadas de ahí. Imaginate, era como las dos de la madrugada. Y fuimos a Departamento Investigaciones.

El ingenio de la desesperación. Y el humor para la desesperación.

Y estuvimos ahí unos días.

Para año nuevo los llevan a Tacumbú. A la orilla del río Paraguy en un barrio asunceno.

Partiendo piedras

“Había una cantera bastante grande que desapareció con nosotros. Yo era barretero. Al ppio me rebotaba la barreta y te sacudía todo por adentro. Tenés que pegarle bien en la veta. Pero si no lo hacés, te rebota”, recuerda

“Mediante eso que yo era el barretero (claro que al principio me peló toda la mano) como yo estaba más alto no me pegaban”.

Abajo estaba Clérici con un mazo para que se fueran rompiendo las piezas en pedazos más pequeños y poder trasladar a donde llegaban los camiones.

-¿Para qué era?, pregunto.

“Y debía ser para sus negociados. Se repartían la plata. Se usaba para hacer empedrados de las “proyectadas” (unas avenidas en diagonal importantes de Asunción). Luego nos enviaron a colocar el empedrado y parece que no servíamos porque nos trajeron de vuelta a la cantera.

“No rendíamos como calzador de piedras” (risas)

Arnaldo Nené Clérici era el partidor de la piedra, a puro mazazo.

“Y Carlitos Madelaire el acarreador y él era el que más ligaba. Con un “arreador” le pegaban porque estaba ahí. Y le pegaban con ese arreador. Con mango de madera. Tenía una lengüeta y te partía en una sola parte de la espalda. Los que sabían pegar (alguien de campo, por ejemplo) te pegaban (suisssh) y te sacaba pedazos de piel o rompía la camisa.

Uno de los momentos tristes fue cuando quedaron expuestos a los familiares y conocidos.

“Estuve de barretero comienzos de año 60. Íbamos todas las mañanas, en mi caso a partir piedras en el barrio Tacumbú que quedaba en el barrio homónimo”, dice Ayala Ferreira.

“Ahí nos veían nuestras familias. Mi madre, mis hermanas. Mi hermanito menor decía. “¿Ese es Rubén?”

Estaba rapado, ropa fea. Flaco. Y su mamá le llevaba cosas (alimentos, ropas) A veces llegaban, a veces no.

“Ella nunca me retó, pero me imagino lo que sufrió porque sabía de los que fallecieron en el intento del 12 de diciembre. Durante todo el gobierno de Stroessner el paraguayo se mostró muy sumiso. Los de Stroessner sabían que era él era el líder. Supongo …”, deja su pensamiento en voz alta.

“Estábamos presos en Tacumbú, en la sección donde ahora van los presos VIP de Paraguay. Los colorados ladrones, la Justicia los manda ahí. Y está muy modernizado tienen. En ese entonces nos daban (mate) cocido negro. Antes de ir a la cantera. Y nos pegaban con el arreador antes de irnos.

Ahí, Ayala Ferreira reflexiona. “¿Cuál es el peor momento cuando vas al dentista? Justo antes de entrar, ¿verdad? Cuando estás esperando tu turno para que te atiendan. Bueno, aquí era lo mismo…La tortura es igual. El turno, ahí es el peor momento. Una vez que te torturaron ya está”.

-Estábamos con nuestra tacita, nos pegaban con el arreador en la espalda acostados en el piso. Y eso, casi todos los días. Estuvimos ahí hasta que un día dicen: Se van a ir a Peña Hermosa.

Nuevo destino, al norte

Y la verdad, su compañera de trabajo, colega y amiga Ada López buscó con su computadora. “Le fui explicando Y encontró”.

Al fin podía ver desde el cielo, cómo eran los lugares y las distancias que había recorrido, mientras escapaba y dejaba atrás una pesadilla.

“Donde está Brasil, Puerto Murtinho, donde me escapé Aquidauana. Campo Grande… todo iba apareciendo en el Google Maps. Es fabuloso y yo recordaba todos esos nombres, pero no podía explicar si no tenía ni un mapa ni nada. Y ella encontró”.

Y así, fueron subiendo el río. “Nos llevaron en lancha por río Paraguay. Era hacia el Chaco región oriental. Pasamos Concepción al Norte y éramos 70 los que cayeron en Encarnación, en Puerto Rico, en Ciudad Stroessner, en Pedro Juan Caballero, los que entraron y no pudieron salir más”.

Era claro. Iban en la bodega del barco. “Recuerdo que jugaba la Copa Libertadores y escuchaban la radio. Y 1960 San Lorenzo cede la localía a Peñarol y yo quería seguir el partido. Ahí perdimos y tuvimos que esperar como 50 años para volver a intentar la Copa Libertadores. Mala decisión (risas)”.

Para corroborar los datos es sencillo. La inefable Wiki lo tiene. San Lorenzo y (el que sería a la postre, campeón) Peñarol jugaron semifinales de ida y vuelta de la primera edición de la Copa Libertadores de América el 28 y el 24 de mayo de 1960. Sendos empates obligaron a un tercer partido (no había definición por gol de visitante o por penales). Y el equipo argentino decidió que el tercer partido se podía jugar en Uruguay pese a que le correspondía jugarse en campo neutral. Los uruguayos ofrecieron dinero a cambio y así el “cuervo” debió esperar más de medio siglo hasta 2014. Por suerte, en esa ocasión Ayala Ferreira (fanático de San Lorenzo en Argentina y Olimpia en Paraguay) pudo ver y gozar como se lo merecía.

Peña Hermosa era una guarnición militar en una isla de cinco kilómetros de largo por 3 kilómetros de ancho. “Prisión Militar de Peña Hermosa” rezaba el cartel.

En una cabecera tenía la guarnición. La otra punta estaban 10 ó 12 familias con sus chacras.

“Era una prisión militar pero era la primera vez que iban no militares a ese presidio. Si un militar tuvo algún problema en el ejercicio de su actividad, eran castigados y confinados ahí”, explicó.

“Y hacían guardia de cualquier manera con nosotros. Los militares que estaban castigados era un grupo de diez o doce. Y luego estaban los soldados”. En total eran unos 60 más o menos.

“Ellos en una punta: el comandante, con sus armas, los dormitorios, los soldados Y la guardia en la costa del río”.

Y nosotros estábamos en unas chozas con techo de paja y paredes de barro con tacuara. La clásica pared de chorizo, muy adaptada a las condiciones de la geografía de la región.

“Y, sí. Diez más o menos, estábamos en cada choza con camas cucheta. Comparado con Tacumbú estábamos mejor”. No cabían dudas.

“Cada habitación tenía su ‘ranchero’, el tipo que tenía que cocinar y la guardia estaba acá y luego, acá el río, más allá el jefe. Y los oficiales. Y afuera hasta una especie de badén hasta ahí se podía ir. Y había un camino hacia la población”, va explicando Ayala Ferreira con una memoria impecable.

“Mi tarea era hacer ladrillos. Me encargaba del burrito que daba vuelta para mezclar la arcilla en el malacate. Otros ponían el molde. Y armaban los ladrillos que luego se cantean”.

Un día le dijeron si no quería ir a trabajar en la chacra.

“Vamos a probar. Dos días estuve con la azada. Y no me gustó. Y volví nomás a cuidar el burrito” (risas).

“Ahí ya no nos pegaban más. El comandante se hizo amigo con nosotros. Hubo buena relación. Se hizo un torneo de ajedrez. Yo le gané a (Juan) Pochi Ventre Buzarquis. Pusieron unas tacuaras para el público y estaba de moda el ajedrez en esa época. Y jugaba bien, yo, en esa época”.

Había algunos problemas menores.

Carlitos Madelaire tardaba más. Era muy aburrido jugar contra él porque no movía nunca. Y, claro (piensa, irónico) no había tiempo, viste…

-Y ahí empieza a germinar la idea de escaparse, pregunto casi ingenuamente…

-Es que cuando uno está preso, lo primero que pensás es en escapar. Es una condición natural del ser humano. Recuperar la libertad que es lo más grande que un ser humano tiene sobre la tierra…

Y redondea: “Cuando ha perdido la libertad. Por eso cuando es un dictador de derecha o de izquierda lo que menos aguanto es la gente que te hace perder la libertad. Tenés gente que habla contra las dictaduras de derecha y cae en las dictaduras de izquierda. Es un contrasentido”.

La idea ya estaba inserta. Había que ir pensando en el cómo.

Y eso será otro capítulo.

FIN DE LA CUARTA PARTE

Pensar en la huida y concretarla…

El hombre que quiso liberar el Paraguay V: Pastizales y bañados rumbo a la libertad

En el relato de su huida de la cárcel del régimen de Stroessner, Rubén Ayala Ferreira va detallando los momentos pasadas con la memoria intacta pese a las seis décadas transcurridas. Desde Peña Hermosa hasta Posadas

El defensor de los derechos humanos quizá más conocido de Paraguay se llama Martín Almada. Con sus 84 años a cuesta sigue siendo un activo militante. Estuvo detenido por el gobierno de Alfredo Stroessner, dentro de las operaciones que se conocieron como Operativo Cóndor a mediados de los años 70 en Paraguay. Luego de una intensa presión internacional, el régimen de Stroessner decide liberarlo y se instala en Panamá. En 1989, tras la caída del dictador, Almada retorna al Paraguay y continúa con su tarea como abogado.

En 2011, viaja a Peña Hermosa y descubre y describe lo que era y es la isla de los presos militares paraguayos. Y que durante algún tiempo sirvió, también, para albergar detenidos políticos.

“Actualmente es una base naval y dejó de ser una prisión militar”, le aclara el jefe de la base mientras la van recorriendo. Siguen estando unas pocas familias que se dedican a la actividad rural.

Ya no es más el presidio que tenía un sistema laxo de vigilancia y que basaba su seguridad –de últimas- en el aislamiento y lejanía de otros lugares.

“Y, habremos estado, en total, un año y medio. Mucho más relajados, sin torturas. No recuerdo quién nos daba los alimentos, pero se cocinaba. Yo estaba decidido a escaparme. Buscaba por dónde, nomás”, así inicia Rubén Ayala Ferreira el relato de la parte final de su aventura.

Quería huir. “Y allá más. Porque Peña Hermosa está muy aislada. Hay mucho monte y muchos esteros. El río Paraguay se separa en dos. De un lado, el Chaco (paraguayo) con el desierto. Y del otro lado, esteros”.

Y hay algo de lo que no se olvida. Ni por un momento.

“No sé cómo, pero mi mamá ya sabía. Pobre mi mamá. Después fue perseguida. Y papá también. Cuando me integré a la guerrilla mi padre decidió esconderse en el monte varios meses”.

Quería huir. “Pensaba y pensaba. Y uno de mis compañeros me dice que se iba a aserrar en el monte: a hacer tablas. Y se iban dos hermanos Peña con ese fin. Y los acompañaba el soldado Villalba que también estaba castigado”.

Y así fue gestándose la idea.

“Y viene uno de ellos y me dice: ‘Si nos escapamos, Villalba se escapa con nosotros. Y él va a conseguir una canoa’. Y, sí. La cosa venía bien”.

La noche en que Miñarro cantó

Entonces planificaron la fuga, pero había algunos condicionantes.

“Había un grupo de personas (detenidas) de Isla Pucú. La mayoría era comerciante, que en realidad no tenían nada que ver con el movimiento. Eran liberales, pero nada más. Y no tenían ninguna intención de escaparse. Querían retornar a sus negocios tras cumplir la condena. A sus familias, la mayoría tenía sus hijos. Y nosotros, al revés: la mayoría era soltero. Era muy difícil organizar una huida con gente que no estaba interesada”.

Planificaron entre seis. El guardia se unió y consiguió una canoa de un poblador

“Los dos hermanos Peña; Ramón Romero, Luis Villar (hijo del señor donde yo vivía en Posadas) Si yo llegaba a Posadas y no le llevaba a su hijo, me mataba. Qué le iba a decir.  Villar era un muchacho joven y muy corajudo.

Estaba espantando mosquitos y le adelanto: ‘Vamos a escaparnos’.

¿Cuál era la consigna?

“A las siete, en aquel cocotero…”

Esa era la hora en que el soldado iba a traer la canoa. “Y había camalotes en la costa. Y en ese cocotero nos encontraríamos. Cómo cada uno se arreglaba para llegar ahí era cosa propia. Estaba ahí nomás a 100 metros más allá de la guarnición y la zanjita”.

Así fue. El soldado metió entre camalotes la canoa. Había otro soldado compueblano nuestro. Me dijo “me voy a escapar”.

Y en los preparativos hubo algunos desajustes. “Yo era el ranchero esa noche. Y de los nervios sólo hice mate cocido. Con una lata de dulce de batata de 5 kilos.

Y me dice Carlitos (Madelaire). ‘¿Qué hay de cena esta noche?

-Cocido

-A la p… qué sos haragán

“Y él me dio un Cremalín. Era como un dulce de leche azucarado. Ahora se usa poco. Funcionaba como la leche condensada. Así se endulzaba el mate cocido con Cremalín”.

El operativo empezaba.

“Pero la verdad es que no me bajaba ni el mate cocido. Y ahí extendí una frazada como si fuera un cuerpo. Cada uno tenía su mosquitero porque los mosquitos eran bravos. Así que extendí mi frazada quedó como un cuerpo bajo el mosquitero”.

A las 12 de la noche, había un control de la cantidad de presos. “Pero no contaban ni levantaban si estábamos o no. Solo una miradita”.

Me dice el soldado:

-Si querés llevar algo de ropa abrigo, lo que sea, esto es mío. Tomalo nomás que yo no lo llevo.

Ayala Ferreira aparentó ir a la letrina. Ya estaba oscuro. “Era otoño y fui a la letrina. Me acosté entre el batatal en torno al cocotero. Y sentí que llegaban los otros cinco más el guardia”

Al rato, llegó la canoa.

Así, el control sobre la desaparición de los fugados sería más tarde.

A la mañana a las cinco. Rápidamente avisaron. “Se escaparon algunos compañeros”.

Ellos tenían la instrucción. “Si no, sería responsabilidad de ellos. A esa altura ya estábamos lejísimo”.

Una anécdota con un soldado oriundo de Eldorado de apellido Miñarro.

“Ahí el guardia trajo la canoa entre los camalotes. Y Miñarro era cantante. O sea, se animaba a cantar. Viene Miñarro y me dice: ‘Yo ya estoy por salir. No me conviene huir”.

-Sabés qué vas a hacer? Vos vas a cantar en la guardia.

Era una improvisación, pero funcionó.

“Así mientras cantás, nosotros podremos escapar y no nos van a descubrir. Comenzó a cantar en la guardia y no terminaba más.

Nosotros ya habíamos pasado al Chaco. Y Miñarro cantaba.

“Había que ir remando aguas arriba. Seguíamos avanzando y ya era como la una de la mañana. Nos bajamos porque remar agua arriba con seis personas no era fácil. Entonces nos bajamos y el soldado remaba y nosotros caminábamos por la costa”.

Y Miñarro seguía cantando. Y así no los descubrieron.

“Obviamente, al tiempo nuestros compañeros se dieron cuenta. Ellos ya estaban en la cama y vieron los que faltábamos”.

¿Qué pasó con Carlitos Madelaire?

“Yo me decía: ‘Si le aviso, tiene que escaparse. Y si no quiere irse y no sé cómo iba a ser. Si nos detenían, torturaban. Nos llegaban a encontrar, no sabía si él iba a apechugar. En cambio, con Carlitos era demasiada responsabilidad. Así fue por qué no lo invitamos”.

A las cinco de la mañana cuando se enteran de la huida “nosotros ya estábamos lejísimo”.

Huyendo: la ayuda de los liberales

“Yo le había hablado a un tipo que era liberal para que nos consiguiera caballos. Lo encontramos. A las doce de la noche”.

-¿Y el caballum?

-Ayer tenían que venir. Hoy ya no hay más.

Malas noticias.

Para eso ya habían largado la canoa aguas abajo. Después la encontraron.

“Y bueno, listo. Sigamos. Había un médico de yuyos. Se llamaba Ramón que sabíamos que era liberal también. Golpeamos su puerta a las 2 ó 3 de la mañana”.

Salió el hijo que se llamaba Kalahá.

“Vinimos escapados de Peña Hermosa. Vos sos de confianza y queremos que nos indiques qué camino seguir para llegar a Brasil”, le dijimos.

“Bueno –dice él-  este camino que ustedes venían es el camino municipal. Pasa frente a la casa de ellos. Acá a 1000 metros hay una alambrada. Esa alambrada sale en Brasil. No es camino pero si siguen la línea de la alambrada, nadie les va a seguir por ahí”.

Cuál era el riesgo de seguir por la ruta que venían.

“Por este camino municipal, seguro que los van a seguir”.

Le pidieron que los acompañara…

“Pero ¡qué nos iba a acompañar…”!, cuenta Ayala Ferreira.

“Y llegamos a la alambrada. Y sí, era todo estero. Estero y estero. Barrial. Los que tenían zapatos, en el primer estero ya los perdían.

Y tenía unas zapatillas. Con esas llegué a Brasil. Pero sin punta ni nada. Los otros muy mal.”

-¿Siguieron la línea indicada?

-Sí. Y la instrucción era: cuando lleguen a la frontera de Brasil, al río Apa, hay una simbra, un portón. Es para permitir el paso de las vacas.

Era tan agreste todo por ahí. “Nos veían las vacas y huían. No había nadie”.

Un recuerdo emerge.

“Había un venadillo con unas astas que nos miraba. Algunos aviones sobrevolaban la zona y nos buscaban. Había que esconderse y listo. Tomábamos agua del estero. Qué íbamos a hacer. Ya amanecía y seguíamos caminando”.

Y siguen: “Y estábamos llegando a la frontera donde estaba el río Apa y la instrucción cuál era: “No crucen ahí”.

Por qué no convenía cruzar ahí: porque enfrente está el estado de Mato Grosso y ahí no les va a encontrar más nadie. Es la zona donde el famoso Pantanal de Brasil empieza.

“Nos dijeron: “Y ustedes se van a perder. Ese estado es más grande que todo Paraguay y es un desierto. No los van a encontrar nunca más”.

Esa simbra lleva a una façenda o estancia. “Ustedes cruzan ahí y nadie los encontrará”.

Estaban pues, frente a esa tranquera. “Hallamos en la simbra y les dije: Muchachos allá ha de estar el río Apa. Había un monte y entre dos fuimos caminando para confirmar. Y era así. Ahí estaba el río. Había un caraguatal que son esas frutas como un ananá salvaje. Y confirmamos. Más tranquilos porque ya nadie nos iba a seguir hasta ahí”.

De golpe termina el camino frente a la estancia. Había una señora negra con un nenito lavando ropa. El río Apa viene de la cordillera de Amambay aguas muy limpias y se mete en el río Paraguay.

“Le pregunté a la señora. ‘Queremos cruzar al otro lado’

Ella le dio instrucción al niño que va y vuelve con capanga con el chico. “En realidad era el capataz con su capanga (lugarteniente). Nos consiguió una canoíta de metal. Tiraron al río. Tenía remos. No un solo par. Éramos todos remando. En un ratito, cruzamos. Al río Apa que corre muy fuerte. Cabíamos tres nomás”.

El vocero del grupo era Rubén Ayala Ferreira.

“Fui yo el que tenía que hablar. Con el capataz todo bien. Tenía una bolsita de carey (así llamábamos al polietileno). Allí estaba la lista de presos políticos en Peña Hermosa. Se había publicado en un diario opositor. Bueno eso llevaba en mi bolsita. Era nuestro único documento”.

El salvoconducto era, apenas, una lista impresa en un diario.

“Y tenía subrayado, los nombres de los que estábamos ahí. ‘Este soy yo, este es otro… y así’”.

-Y allí nos ayudaron a cruzar el río.

El capanga le dijo a canoeros. Vaya a traer a los otros. Y agregó algo importante:

“Aquí ninguem va a tocar por voçé”. (“Nadie l.os va a tocar, aquí”)

“Recuerdo bien porque se nos abrió el cielo. Y ya estábamos liberados”.

Y dijo Romero: ‘Permiso voy a acostarme en su pasto’

Y el capanga: “Pero, no pida permiso…”

“Y el otro: Brigadinho senhor.”

-Este era el mayor de nosotros. Tenía ya como 40 años. Y estaba agotado. Muy agotado.

“En la caminata recuerdo que en los esteros y cada cinco kilómetros había un monte. Y nos metíamos a descansar porque en el agua no íbamos a poder. Nos tirábamos por ahí en un tronco o lo que fuera.

Y después levantarse era toda una odisea. “Y Romero: Yo me voy a quedar acá Que me coman los cuervos. Y dijo en guaraní tache’u  ndeú  yryvu

Ahí, Ayala Ferreira no puede con su genio y (se) hace un chiste sobre la mala situación actual su equipo favorito en Argentina San Lorenzo, al que llaman los cuervos. Y se ríe, claro está.

Romero parecía entregrarse y Villar el que yo tenía que traer de vuelta respondía: Y bueno, quédate nomás.

“Y nos íbamos. Y cuando íbamos unos cien metros, Romero salía detrás nuestro. Y así tiene que ser. Y bueno vamos a quedarnos un poco más. Y te vas entregando”.

Ahí cuando cruzamos el río Apa. El señor era el capataz de la estancia. Y en ese lugar, todos eran paraguayos.

No eran muchos, ni una decena.

“El capataz le informó al patrón, un español de nombre Baldomero Cortada, que llegaban los fugidos y que estaban bastante machucados (escapados y magullados) y éste dijo por radio: Que descansen bien y que pasen al día siguiente”.

-Nos prepararon el caldo de gallina porque la verdad que ni tragar podíamos.

Les prepararon unas camas con pellón de oveja. Tras dos días de caminata ese dormir en el suelo sobre semejante “colchón” supo a estar en el paraíso.

“Después cuando nos preguntaron si estábamos recuperados porque el lugar donde teníamos que ir quedaba a unos 30 kilómetros”.

Y, sí. Estaban recuperados. Con ansias.

“Había que ir a Puerto Quebracho, un brazo del río Paraguay y teníamos que ir a pie. Nos acompañaba uno a caballo. Y llovió todo el camino. Se llamaba Ovo de uma. Era un obraje o carrería.

Una casa que pertenecía a la fábrica de taninos. El dueño estaba en Puerto Quebracho”.

Al otro día al amanecer vino una zorra. “Nos subimos a la zorra y nos fuimos. Sí tenían una vía. Era solo para andar en zorra.  Baldomero Cortada nos la envió”.

El dueño de la fábrica de taninos (que se extrae del quebracho y se usa para separar las carnes de los cueros de animales faenados) los iba a estar esperando para después de nuestro descanso.

“Entramos con la zorra a la fábrica y ahí estaba el despacho de don Baldomero Cortada. Tenía como 70 años así que en paz descanse. Salvo que sea Matusalem”, dice Ayala Ferreira y vuelve a poner un toque de humor.

“Entramos en su oficina y hablamos en español. El personal era paraguayo en su mayoría. Esto es porque los de concepción no vienen al Sur”.

-Para almorzar ustedes vayan al Club Social, fue su escueta instrucción

“Y le hablé al jefe de la Delegacía el Sargento Ferreira. Y así pueden descansar ahí. Y que vayan a atenderse el médico. Cuando al mediodía salieron todos los empleados, se juntaban con nosotros y entre todos, la charla era distendida y con un solo tema. ‘¿Cuándo vamos a echar a este atorrante (por Stroessner) hijo de p…?’

Cortada, el español era muy querido en ese lugar.

“Almorzamos, ahí nos llevaban frutas. Mi pantalón vaquero estaba todo roto. El pasto por donde pasamos se llamaba cortadera. Y me sacó toda la punta de mi champión. Nos dieron zapatillas y ropas”.

-¿A qué distancia estaban?

Y, de Foz estaríamos a unos casi 1000 km, calcula con bastante exactitud Ayala Ferreira.

“Luego de comer nos presentamos a la Delegacía. A las autoridades. Para pedir el asilo político. Y ahí vino el médico nos atendió. Los seis estábamos bien, machucados pero entero”.

Ahí el fútbol asistió otra vez a Ayala Ferreira.

-Usted ¿de qué club de Brasil es Sargento ayudante Milcíades Ferreira? le pregunto

-De Santos. Pero qué sabe usted ¿Conoce la delantera? Naaahh

“Y yo le enumero: Dorval, Mengavio, Coutinho, Pelé y Pepe. Eran cinco delanteros antes. Lo sorprendí2.

Ahí quedaron un día. “A la noche vino una lancha de Puerto Murtinho a traer mercaderías. Don Baldomero nos avisó que la lancha partía esa misma noche a Puerto Moutinho. Para que no nos quedemos ahí”.

Romero desconfiaba por si los hacían cruzar al Paraguay. El temor a ser devueltos. Pero no, fueron todos.

“Nos llevaron a Puerto Murtinho en frente al Chaco paraguayo. El Quebracho queda sobre un brazo del río.  Llegamos con un soldado que nos envió el hincha de Santos. Un soldado nos acompañaba. Nos bajamos en Puerto Murtinho. Fuimos al regimiento era muy grande”.

Ahí se dio una ‘alteada’, recuerda: “Alto, alto… nos ordenaron detenernos. Salió el soldado y aclaró que conducía civiles. Entramos. Eran las 3 de la mañana. Era grande el regimiento. Nos hizo ir a un pabellón de soldados en camas cuchetas. A las 6 de mañana un negrito tocaba la diana. Y no terminaba más. Pap-parapa-paáa-para papa parapapaá… No terminaba más.

Todo transcurría muy tranquilo. Formaron fila para el desayuno: café con leche pan y manteca. Con mozos con bonetes largo que servían el desayuno. Era casi un hotel.

Y la media mañana el mingao, una especie de polenta medio dulce (algunos dicen que la hacen con arroz). En Paraguay comen soyo, recordó.

“Y después de un rato nos llama el comandante y le explicamos todo. Romero tenía las marcas en la espalda. El militar se sorprendía. ‘Bueno vayan a almorzar y quedan libres’, nos indicó”’.

Y fueron a almorzar donde había unos manjares con gran nivel de vida. Bastante cantidad de soldados.

Íbamos caminando tras salir y no sabíamos dónde ir.

Y nos salen a nuestro encuentro dos personas.

-Ustedes son los que se escaparon de Peña Hermosa. Ah.. yo soy el presidente del Partido Liberal y éste es el secretario.

“Se nos abrió el cielo. Vivían en Puerto Murtinho. Nos dieron alojamiento comida. No teníamos documentos ni dinero. Nada. Y sabían que nos escapamos porque radio Guaiba de Porto Alegre dio la información. Ahí se escuchaba esa emisora porque tenía mucha potencia”.

La novedad se había divulgado por toda la zona sabía.

“Estuvimos uno o dos días en Puerto Murtinho. Y le indicamos a este señor. Mire, nosotros queríamos volver a Posadas. Podíamos quedarnos algún tiempo ahí, pero al cabo volveríamos”.

Y él les indicó lo que había que hacer: acercarse al río Paraná para ir hacia Misiones.

-Va a salir un camión que irá a Aquidauana. Ahí les va a esperar otro correligionario que les va a orientar

Salió el camión hasta Aquidauana. Es el en el centro del estado de Mato Grosso y es lejos todo.

“Y ahí nos esperaba una familia, Unos amigos. Nos bajamos en Aquidauana. Y de ahí, apuntar hacia Campo Grande la capital de Mato Grosso. Estuvimos algunos días”.

El ánimo era bueno.

“Alguno que quería llegar más rápido a Posadas. Quedé en casa de una persona de apellido Arias que tenía una sorbetería (heladería) en medio una plaza. Estuvimos unos 15 ó 20 días. Y de ahí nos fuimos a Puerto Presidente Epitacio. Eso ya estaba sobre el río Paraná. En el estado de Sao Paulo”.

Se seguían acercando: “Ahí tomamos una lancha que llevaba arroz fideos azúcar. Y ahí hasta el Salto Guairá o Sete Quedas, que desapareció tras la construcción de la represa Itaipú. Ahora ya no hay más cascadas y le llaman ciudad Guairá. Nos esperaba un zapatero correligionario. Y en un colectivo nos llegamos a Foz de Iguazú. Y nos esperaba para hacernos cruzar sin documentos hasta Puerto Iguazú”.

Cada vez más cerca.

“Me dijo esta noche van a venir dos o tres canoas traen azúcar harina. En esas canoas vacías irán ustedes. Nada de fumar ni prender fuego. Nada de hablar. Llegamos. Y había un caminito una madera y me tropecé y me caí. Cruzamos en más de una canoa. Y recuerdo aún hoy a esa gente llevando en sus espaldas bolsas de 50 kilos”.

Eso sigue vigente. Los llaman ‘sacoleiros’.

“Sacaron las bolsas y nuestro amigo arregló todo con ellos y cruzamos y llegamos Puerto Iguazú. El coronel nos dio ayuda para comprar pasajes. De Puerto Iguazú a Posadas. Ya éramos cinco”.

El soldado Villalba se quedó en Brasil no quiso seguir con ellos. “En Aquidauana se quedó”

Llegamos acá fuimos a la casa de Beto González acá está tu hijo.

Tenía 22 años.

En ese ínterin se escaparon todos los demás. “Estábamos en Murtinho. Los 48 restantes. Escuchamos radio Guaiba que se escaparon todos los presos”.

Cuando estábamos en Murtinho, tomamos contacto con los macateros que en las lanchas que llevaban mercaderías a la isla. Y a Peña Hermosa bajaba doña Juana que vendía las cosas y entregaba plata que nos enviaban.

“En Murtinho encuentro a Doña Juana con el macate y le digo: ‘Avisale a los muchachos que estamos en Brasil y que el gobierno de acá no devuelve más”.

En ese ínterin cambió el gobierno de Jusemiro Kubischek quien devolvía a los guerrilleros y los mataban en la orilla.

Pero llegó Janio Quadros que lo sucedió y ya no devolvía más. Subió con una escoba como símbolo. Y no devolvía más a los que huían del régimen de Stroessner. “Ese era el mensaje para los que estaban en Peña Hermosa. Y que no tengan miedo de venir. Y doña Juana les hizo llegar a los muchachos”.

Y comenzaron a organizar la fuga masiva. “Los de la isla Pucú eran comerciantes liberales. Carlitos y todo el resto comentaron al comandante de la sede. “Si los agarro, les voy a comer el hígado”, decían que dijo sobre nosotros”.

Y ahí avanzó rápido. Ayala Ferreira agrega en una llamada posterior: “Nosotros huimos el 23 de marzo de 1961. Y el resto del grupo, más de 40 lo hizo un mes y pico después, el 27 de abril de 1961”.

Cómo se organizaron.

“Fulano fulano y fulano tomarán la guardia. Ya se podía organizar porque todos querían escaparse. Y no había más riesgos de que se comentase y fueran pyragüés internos (que los pusiesen al descubierto)”.

Tomé el tren en Murtinho y llega un compañero me dice: “Ya llegaron acá. Bajate. Están en el hospital. Uno fue herido al cruzar el rio Apa y lo balearon en la espalda”.

Los nuevos evadidos habían hecho el mismo camino que los primeros. Y salió el Ejército al cruce. Pero ya estaban todos del otro lado, a salvo.

Y agarró a Inocencio Rojas justo cuando intentaba cruzar a nado el río. Y logró superar el mal trance pese a los disparos. Y se escondió. Vinieron los oficiales y lo buscaban: “¡Inocencio Rojas!” llamaban y no sabía si eran paraguayos o brasileños. “¡Inocencio!!!”

Cuando fue a quirófano, le sacaron un proyectil chato aplastado.

Este segundo grupo fue trasladado en avión a San Paulo y allá estuvieron en hotel de Migraciones y la mayoría volvió a Posadas.

Y ahí, Rubén vuelve a encontrarse con su amigo Madelaire.

“Carlitos me reclamó. Pero entendió mi explicación. Y todos nos reencontramos acá. Denis Cibils quedó en Brasil, Fidel Bobadilla también. Acá vinieron varios”.

-¿No intentaron de vuelta?

“Ya no. Hubo alguna intentona, pero no progresó”. 

Posadas, nueva vida

Hablamos con Carlitos y llegó él y comencé a trabajar para la empresa de la familia ahí enfrente a la plaza Nueve de julio.
Primero abajo con Madelaire. Y luego en el primer piso con los Warenycia.

“Yo atendía el cine de Madelaire, ese era mi primer trabajo. Y Carlitos me dice un día cuando en LT4 había un programa Música y Deporte los domingos.  Escuchábamos radio en onda corta Splendid, Belgrano El Mundo cómo iban los partidos. El ‘maestro’ Fioravanti, el gordo Muñoz. Bueno, mi primera irrupción en la radiofonía fue así: “Este gol lo vas a anunciar vos”, me dijo Carlitos.  ‘Temblaba. Anoté todo. Belén a los 27 minutos Racing 1 Velez 0”.

Sí, ese mismo jugador de origen santafesino que jugó en el campeón de ese año, Racing Club fue el protagonista indirecto de la primera aparición de Rubén Ayala Ferreira en la radio y en el fútbol, una de sus pasiones.

Tal es así que el periodista Marcos Magaz le dedicó una explícita atención en su libro “Como en la cancha. La radiofonía y el fútbol en Posadas” y ya en la portada se lo puede ver a Ayala Ferreira en una de esas tantas transmisiones.

“Así empecé. Relaté mucho en los 70. El primer partido en Misiones entre un equipo de la provincia (Guaraní) contra un grande (Boca) por los puntos. Ganó Boca 1-0 con gol de Rogel. El único que relató. Enfrente de la techada. Había dos cabinas, una para nosotros en radio LT17 y al lado Bernardino Veiga para radio Argentina que seguía la campaña de Boca”.

Siguen los recuerdos. “Como comentarista estaba Carlos Lucero. Locutor comercial Guillermo Orfila. Miravet hacía sus priemras armas en estudio. Y gritaba: “atento Provincia!!

Tiene la grabación de ese partido. Y guardé.

Y la memoria intacta. Recita Rubén Ayala Ferreira. “Boca formó esa vez con

Sanchez, Suñé, Melendez, , Rogel y Ovide

Peracca Orlando Medina y Potente

Ponce, Pianetti y Ferrero.

Entró Savoy en el 2do tiempo.

Y Guaraní formó con

Santiago Duarte

Hugo Brauvano (de Mitre) Carlos Nuñez (camarógrafo actual en Canal 12), Sinforiano Gimenez Díaz y Daniel Villalba

Pablo Olivera, Ramón Recalde y César Oscar Brítez al medio; y Corazón Bienvenido Lezcano, Jorge Ramón Brítez y Ramón Roberto Noguera adelante.

Final y algunas cuestiones

Le consulté a Ayala Ferreira sobre la eventual presión de la prensa desde Argentina sobre Paraguay (en la novela de Eduardo Balero Torres se especula con ello, también).

“La prensa por Madelaire sabía acá pero no les tingaba (importaba). Nunca me enteré que hubiera habido reclamos argentinos, por las detenciones ilegales”.

“A Carlitos (Madelaire) durante las torturas le pegaban más y decían que era argentino. Pero no era cierto. El papá era dueño de ZP5 radio Encarnación y era amigo de Stroessner. Y luego se pelearon. Él cruzó acá y ganó la licencia acá por diez años de LT4. Del 60 a 70”.

Ahí llega el momento de más recuerdos. “Luego de Madelaire, gana la licitación la familia Warenycia. Cuando me echan del canal en el gobierno militar, a la semana me tomó don Pedro Warenycia. Fernando, el hijo era el encargado de las noticias. Era muy amigo mío. Cacho Barbero era el jefe de noticiero. El uruguayo Omar Giacosa estaba y Polaco (Jorge) Balanda empezaba.

Siempre reivindicando

“Nunca nos arrepentimos. Que hubo errores estratégicos, sin duda. La finalidad existió y era noble. No hubo especulaciones y nosotros estábamos muy convencidos. Tenemos un gran reconocimiento desde la gente del Paraguay. Pese a haber sido muy desacreditados allá por los medios oficiales, que eran los únicos que existían. Decían que éramos comunistas, que fuimos a Cuba. Y nada que ver. Ni comunistas ni fuimos a Cuba. Nosotros éramos del Movimiento 14 de Mayo siempre seguiremos reivindicando el día de la independencia de Paraguay, dice Rubén Ayala Ferreira, mientras escucha la tele con el canal puesto en el SNT y hojea por internet las tapas de los diarios de Asunción.

Paraguay siempre estuvo en su corazón.

Sin embargo, reivindica el trato que le dieron aquí. “Algunos dicen que Argentina nos trata mal a los paraguayos. Mentira. Siempre nos trataron bien. Y muy bien. Los que vinimos a trabajar, a progresar, nunca tuvimos problemas. Trabajé en Radio Provincia, trabajé en LT4, trabajé en El Territorio. Nunca me hicieron un problema por ser paraguayo. Llegué a secretario de redacción en el diario, el decano de la provincia. Nunca hubo un cuestionamiento. Sólo querían ver que trabajaba y yo lo hice”.

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