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sábado, octubre 23, 2021

Cuatro décadas sin Antonio Berni, un artista de vanguardia

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Falleció en octubre de 1981. Pero la vigencia de su obra y -en especial- sus dos personajes icónicos (Juanito Laguna y Ramona) le terminaron dando una marca indeleble en el mundo de las artes plásticas no solo de Argentina sino del mundo. Hay un recorrido de sus obras por Buenos Aires.

Un itinerario imaginario cuyas coordenadas se trazan en el mapa de la ciudad de Buenos Aires alberga una inmensa cantidad de obras del artista rosarino Antonio Berni (1905-1981), que a 40 años de su muerte demuestran su vigencia y recorren sus diferentes períodos, soportes y fechas, desde la pintura “Pesadilla de los injustos” en el Museo Nacional de Bellas Artes hasta la emblemática “Manifestación” en Malba o “Domingo en la chacra” en Colección Fortabat, entre otros espacios culturales.

Antonio Berni (1905-1981), joven promesa que expuso en Rosario a sus 15 años y creó narrativas como las de Juanito Laguna y Ramona Montiel entre tantos personajes que pueblan una obra extensa de fuerte compromiso social, moría hace 40 años y parte de su trayectoria se refleja en el pensamiento de los curadores Marcelo Pacheco y Adriana Lauria, artífices de dos importantes retrospectivas del artista.

Manifestación. Una de sus obras más clásicas en el momento más dramático del país.


Junto a figuras como Raquel Forner, Alfredo Bigatti, Héctor Basaldúa, Juan Del Prete, Lino Enea Spilimbergo, Berni fue parte del Grupo de París -con el que luego rompió por razones ideológicas-, en una época en que los artistas argentinos eran becados para perfeccionarse en Europa. Se conectó con las vanguardias europeas, con André Breton -autor del manifiesto surrealista- y con el Partido Comunista.

“Regresé de París en 1930. Me había formado en Europa, en un mundo de escritores, pintores y músicos, con poco contacto con la vida. Al llegar a la Argentina la problemática no era solamente la revolución de la forma, se estaban produciendo otros cambios“, contaba en una entrevista, sobre esa experiencia, el autor de obras fundamentales como “Manifestación” (1934), “Desocupados”, “Chacareros” (1935) y “Medianoche en el mundo” (1937), dedicada a la Guerra Civil Española.

Recién vuelto de Europa e influido por las corrientes modernistas.

Artista plástico, docente y promotor del Nuevo Realismo, adaptó sus narrativas a los recursos estéticos y a nuevas prácticas y corrientes de las que se iba apropiando. Su genialidad fue pasar de la modernidad y las vanguardias europeas en la que se inscriben sus comienzos a lo contemporáneo, asimilando y absorbiendo técnicas, sin perderse en eso.

“Era un intelectual que participaba en tertulias artísticas y políticas, donde se definían los temas de cada época -resume Pacheco-. Se sumó a exposiciones contra la guerra de Vietnam o ponía en sus obras elementos antieclesiásticos“, por ejemplo.

“Era un artista jugado hasta en lo estilístico: durante 60 años fue mutando su lenguaje, manteniéndolo personal pero al mismo tiempo mirando con mucha atención y tomando lo que quería de cualquier lado. Hay que tener muy buena cintura para poder mantener esa multiplicidad de voces reconocibles como una, pero que varía constantemente en su presentación”, indicó el curador.

Berni es autor de series emblemáticas como Santiago del Estero, donde retrata la vida campesina y la migración a las grandes urbes y de donde surgen arquetipos como Juanito Laguna, un niño que son todos los niños pobres de mundo, y Ramona Montiel, la prostituta.

“El estilo se transforma en un espacio constante de citas y apropiaciones, en un campo de reflexión. Surrealista contestatario, realista inquietante, informalista figurativo, pop paródico, el artista no descansa en su absorción constante y cáustica”, definía Pacheco en un catálogo del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), editado en 2005, a 100 años del nacimiento del artista.

Ramona, una chica de barrio que se cansa de la pobreza y decide prostituirse


En esa oportunidad, igual que en la retrospectiva curada por Pacheco en 2013 en el Museo de Bellas Artes de Houston, Estados Unidos, se exhibieron los prodigiosos monstruos que expuso en 1965 en el Instituto Di Tella, que “representan la amenaza de los poderes” y cuentan con “una serie dedicada a las pesadillas de Ramona”, comenta Lauría.

Berni fue interlocutor de las nuevas generaciones de artistas, introdujo el surrealismo plástico en Argentina en 1932 y estuvo en desacuerdo con el postulado de los muralistas mexicanos encarnado.

Ramona Montiel, armada de piezas seleccionadas

Los críticos pensaron a Ramona Montiel como aquella mujer que es armada tanto de piezas seleccionadas con un orden y un sentido como armada para defenderse o atacar. En tal sentido Ramona no es solo una víctima de la sociedad sino que decide cómo vivir su vida.

Ramona esa joven de barrio, agobiada por su trabajo, seducida por los lujos de una “vida mejor” se vuelve prostituta. Así Berni estudia los diferentes aspectos de las presiones sociales e históricas que recaen sobre la mujer, la influencia de la televisión y la publicidad sobre el deseo consumista. Aspectos que aún hoy siguen vigentes.

Así Ramona se la ve acompañada de un círculo influyente de amigos de todos los sectores de la sociedad. Berni recurre a mercados de pulgas parisinos en busca de materiales para la construcción de este personaje: vestido de lentejuelas, encajes, cordones etc.


Aparece el pibe

Juanito este chico que vive en la villa, Berni lo exhibe en situaciones cotidianas un chico como todos, remontando un barrilete, jugando o nadando en la laguna con su perro. Así lo imagina y lo materializa construyendo los ensambles con pedazos de telas, latas aplastadas, hojas de metal, desechos industriales que el artista va seleccionando para cada obra.

El circuito quimérico pero tangible podría comenzar en el Malba se  exhibió tal vez una de las emblemáticas obras del artista, “Manifestación (1934), fundacional del Nuevo Realismo, un temple sobre arpillera que el propio Berni llamaba familiarmente como “La huelga” y que resume las múltiples búsquedas artísticas, una suerte de pintura mural “transportable” con un grupo de inmigrantes, pobres y desocupados, entre la rabia y la melancolía, que reclaman pan y trabajo, siempre de estremecedora actualidad.

“’Manifestación’ -al igual que ‘Desocupados’ y ‘Chacareros’- muestra su compromiso y su militancia diaria, especialmente agitado por la llegada de David Alfaro Siqueiros a la Argentina, en esos años 30 tan agitados y conflictivos a nivel mundial. Y presenta muy bien a este Berni que viene de experimentar con el surrealismo hasta que asume ese compromiso, expresado en esos rostros que generó inspirado en fotografías de indigentes que aparecían en la prensa. Y desde el lenguaje moderno, la pieza se enmarca en estos grandes murales portátiles”, explica a Télam María Amalia García, curadora en jefe del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.

Justamente, en su 20 aniversario, el museo fundado por Eduardo Costantini se prepara para lanzar el próximo 21 de octubre la plataforma online “Manifestación en foco”, que propone un diálogo entre presente y pasado a través de una investigación profunda sobre los aspectos materiales, históricos y culturales de la obra que da título al sitio digital, para analizar su impacto en la cultura argentina, a través de testimonios, fotografías de época, correspondencias y publicaciones.

Juanito Laguna dormido. Este cuadro se vendió a 440 mil dólares hace poco tiempo.

“Yo no concibo el arte sino como acción y testimonio”, decía en vida este artista de un permanente compromiso con las problemáticas sociales y políticas de su tiempo, creador además de personajes emblemáticos como Juanito Laguna y Ramona Montiel, dos icónicos personajes -el niño de la villa y la muchachita corrompida al llegar a la ciudad- convertidos en leyendas populares y a quienes les han dedicado canciones compositores como Astor Piazzola, Mercedes Sosa y Atahualpa Yupanqui.

“Antonio Berni tiene una sala entera prácticamente dedicada a él. Y es el artista mejor representado en la colección, en cantidad de obras y porque están todas sus etapas, desde el surrealismo en ‘Susana y el viejo’, el Nuevo Realismo en ‘Manifestación’, el quiebre que genera con la incorporación de nuevos materiales en la pintura, en ‘La gran tentación’, la serie de los monstruos como ‘El pájaro amenazador’, de los años 70, y el mural Americanista, el único fresco buono de temática indigenista que se conserva”, añade la curadora.

En el Malba, la exposición. (fotos Camila Godoy)

Si bien hay más obras guardadas en trastienda, actualmente se pueden visitar en el Malba -además de “Manifestación”- “La gran tentación” (1962), “La mujer del sweater rojo” (1935) (un retrato melancólico de Nina Terré, entrañable amiga del artista y de su esposa, Paule Cazenave, durante los años transcurridos en Rosario), “Juanito dormido” – de la serie “Juanito Laguna” (1978), “Padre y madre de Ramona” y el “Mercado del altiplano” (1931) o mural americanista, realizado luego de diversos viajes al Noroeste Argentino, para estudiar las tipologías de las culturas coloniales y precolombinas en Latinoamérica.

También llamado “Mercado colla”, el inmenso trabajo exalta la etnia americana y mestiza colla como arquetipo del Norte Argentino, pero también del norte chileno, Perú y Bolivia, a la vez que rescata su cultura, su forma de vida, sus vestimentas coloridas, sus labores y su forma de comercio en su entorno geográfico: el paisaje árido de montañas del altiplano de la Puna y el poblado de arquitectura colonial-española.

Los murales transportables de Antonio Berni

Si la revolución debía plasmarse en los murales públicos, en un contexto como el argentino después del primer golpe militar de 1930 que derrocó a Yrigoyen y las consecuencias de la Gran Depresión de Estados Unidos de 1929, Berni ideó “murales que podrían ser transportables, móviles, sobre bastidores y que incluso pudieran ser llevados como pancartas en alguna manifestación”, explica Lauria.

Es así que para esas grandes composiciones como “Manifestación” usó telas de arpillera y muy resistente que conseguía en el puerto de Rosario que eran unidas en un gran lienzo.

“El Berni surrealista como tal no existe”, sostiene Pacheco, para quien el modelo de Berni se ancla en el ideal planteado por Xul Solar y el lenguaje del Neocriollo que mezcla lo local, regional e internacional como concepción de un arte y cultura enraizada en la migración europea asentada en América con sus cruces étnicos y culturales como elementos fundantes. De hecho sus obras surrealistas fueron mal recibidas por la crítica en los años 30′, aunque en los años 40′ empezó a ganar grandes premios a nivel local y desde fines de los 50′ sus exposiciones y los premios locales e internacionales que recibió lo colocaron como referente.

Museo Nacional de Bellas Artes


En 1962 recibió el Premio de Grabado y Dibujo de la 31° Bienal de Arte de Venecia y a partir de ahí su trayectoria remontó vuelo internacional. Influenció a los artistas emergentes del Di Tella y otros como como Oscar Bony y Pablo Suárez, ayudantes de taller que lo acompañaban a recoger materiales para ensamblajes.

Uno de sus grandes hallazgos viene del campo literario: “inventó dos personajes y desarrolló la vida de ambos a través de la pintura, lo que le dio la posibilidad de cambiar de lenguaje artístico todas las veces que quiso, desde el surrealismo hasta el último tiempo con el hiperrealismo”, destaca Pacheco.

Con estos personajes hay pop, neo-surrealismo, hiperrealismo, de todo, “le dan la libertad de experimentar el lenguaje puro, porque está usando el lenguaje narrativo pictórico para contar sus vidas. No tiene por qué declararse o asumir como totalidad un solo lenguaje. Hay tantos Bernis como Bernis hay, en todos hay variantes, y al mismo tiempo es siempre reconocible”, explica.

Si bien el Museo Nacional de Bellas Artes (en Avenida del Libertador 1473) posee destacadísimas obras de Berni, actualmente solo dos se encuentran desplegadas en sala: la monumental “Pesadilla de los injustos. La conspiración del mundo de Juanito Laguna trastorna el sueño de los injustos” (1961) una pieza de 3 x 4 metros, alineada en el Realismo, realizada en acrílico y esmalte sintético; y “Juanito Laguna aprende a leer”. Esta última es una gran pintura-collage del año 1961 de dos x tres metros, y está colgada en el hall de doble altura del museo, mientras que “La pesadilla de los injustos” puede verse en la sala 36 del primer piso del museo.

“Las dos obras abordan aspectos diferentes del personaje icónico creado por el artista: Juanito Laguna, un niño pobre que vive en la periferia de la ciudad. Y ambas obras formaron parte del envío argentino a la Bienal de Venecia de 1962 en el que Antonio Berni obtuvo el Gran premio de grabado y dibujo por sus xilocollages. La colección del museo posee numerosas obras de diferentes momentos de su producción, como dibujos, grabados, objetos escultóricos, collages y pinturas. Pero estas dos forman parte del guión permanente del museo”, explica a Télam Andrés Duprat, director de la institución.


Juanito, el chico de los basurales

Berni dedicó gran parte de su carrera a narrar a este icónico personaje, Juanito, el niño pobre que vive en la villa miseria del bajo Flores, elaborado en sus pinturas a partir de materiales domésticos, descartados y basura industrial, una imaginería increíble establecida a partir de objetos y chatarra. Además, lo mostró en escenas de su vida cotidiana en la villa: celebrando la Navidad, aprendiendo a leer, jugando con canicas, volando una cometa, nadando en un lago con su perro y compartiendo una comida con su padre en la fábrica de trabajo pero también viendo cómo se inunda su barrio, entre otras situaciones.



“Juanito Laguna aprende a leer (1961) representa, en un paisaje sucinto sobre trozos irregulares de arpillera unidos con costuras gruesas, a tres niños sentados y una niña de pie, todos con lápices y cuadernos abiertos en sus manos. En el cielo blancuzco cuelga un sol cuadrado hecho de piezas metálicas y cordones tensados que parecen sujetarlo con la misma precariedad de la vivienda en la que -sabemos- vive Juanito”, escribió la historiadora Isabel Plante para la web del MNBA.

Además de los increíbles retratos de la familia Fortabat (que actualmente no están en exhibición), el museo homónimo con sede en Puerto Madero acumula una inmensa y bellísima cantidad de obras del genial creador rosarino, como “Juanito remontando un barrilete” (1962), “Niña con zapallo” (1947), “Domingo en la chacra” o “El almuerzo”; “Zamba” (1956), “La escuelita”, “La Difunta Correa” y “Ramona espera” (1964).


“Si bien es un artista de la modernidad en virtud de esos mecanismos y procedimientos que utiliza sobre todo a partir de los años 50′, se incorpora al arte contemporáneo rápidamente. Entre los 50′ y los 60′ la eclosión de Juanito como tema específico de la infancia marginada, las villas miserias, y después, con la aparición de Ramona (1961-62)”, explica Lauria.

Estaba dibujando constantemente. Andaba con una libretita y se ponía hablar por teléfono y mientras tanto dibujaba”, describe Pacheco.

Ambos destacan la relación del artista con la fotografía, que comienza en París con su cámara Leica con la que registra el entorno, la gente y luego lo usa para sus obras. En ese amplio archivo fotográfico están sus recorridos por provincias como Catamarca, Chaco, Santiago del Estero, Jujuy y Buenos Aires, donde visitaba pueblos en los que se pasaba días pintando. “Tiene series completas de San Antonio de Areco, Baradero, de asentamientos de la pampa húmeda cuando no era sojera”, dice Pacheco.

A lo largo de dos o tres años decoró las telas que se instalarían en la capilla de San Luis de Gonzaga de Las Heras, provincia de Buenos Aires: “El Apocalipsis” (con sus cuatro jinetes, la televisión y una valija con dinero) y “La Crucifixión” (con personas del pueblo, y el legionario romano con ametralladora que representa la represión), un encargo del rector del colegio, el padre Hipólito Pordomingo. En estos dos grandes murales que retoman la iconografía cristiana, la contemporaneidad se manifiesta en los personajes.

Berni reinterpreta la iconografía cristiana, al igual que hizo con otros temas, en obras como “Cristo en el garage” (1981), “Cristo en el departamento” (1980) y “Magdalena” (1980).

Entre sus últimos trabajos está “Sin título”, de 1981: un cuerpo de mujer depositado sobre la arena de una playa, que recuerda a su “Difunta Correa” y que da cuenta de que, aún hoy, a 40 años de su muerte, la obra de Antonio Berni sigue vigente para repensar lo contemporáneo y lo popular.

“Actualmente, la Colección Amalita tiene exhibidas, en el recorrido de la colección permanente, un gran conjunto de piezas de Antonio Berni, por su número y calidad. Un conjunto que se impone y que permite apreciar distintas épocas del artista. Lo que hace que esté muy bien representado en nuestro acervo”, detalla en diálogo con Télam Germán Barraza, director artístico del museo.

Con guion a cargo del historiador Marcelo Pacheco, las obras de Berni han sido dispuestos en sala según su año de ejecución: “Lo que permite ponerlas en relación con sus contemporáneos, y marca además la vigencia y peso del artista en cada momento. Desde ‘Niña con Zapallo’ y ‘El Almuerzo’ hasta ‘Ramona espera’, obra que exhibimos desde 2018, después de mucho tiempo que estuvo fuera del país, y que es uno de los primeros ensambles de la serie”, destaca Barraza.

La obra “Ramona espera” forma parte de aquella figura creada por Berni -la muchachita que se corrompe al llegar a la gran ciudad-, que comenzó a aparecer en sus trabajo cuando el artista vivía en París, en la década de 1960, y le dio vida en base a pedazos de encaje, botones, piezas de maquinaria industrial, cajas de cartón de huevo, prendas de vestir y otros adornos y objetos.

La crítica poética del artista argentino Antonio Berni, en el Lázaro  Galdiano | Cultura y entretenimiento | Agencia EFE

Sin dudas, otro clásico en la historiografía local se emplaza en el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori (Avenida Infanta de Isabel 555), “Chacareros”, inmenso óleo sobre tela de 1935, de dos metros por tres, y que ocupa un destacado lugar en el guion curatorial del museo que dirige Teresa Riccardi, donde comparte espacio junto a otras dos piezas: las pequeñas “Niño” (estudio para Desocupados), de 1934 y “Paisaje de suburbio”, una témpera sobre cartón. Las tres conforman la muestra “Museo sin tiempo. Camaradería, talleres y otras modernidades”.

Finalmente, en el barrio porteño de San Telmo, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires posee en su colección 16 obras de Berni: dos collage (actualmente expuestos), seis dibujos (de los cuales dos se encuentran expuestos), siete serigrafías y un xilocollage de Ramona, de 1963, donado por el Fondo Nacional de las Artes en 1969.

Las obras que sí se podrán recorrer en sala forman parte a su vez de la mega exposición “Una llamarada pertinaz: la intrépida marcha de la colección del Moderno”, donde destacan “Tragedia del tercer mundo” un collage y tinta sobre cartón de 1972 y “Juanito Laguna lleva la comida a su padre peón metalúrgico”, una lámina de aluminio, restos metálicos y papel sobre madera terciada realizada en 1961 por el artista nacido en 1905 en un hogar de inmigrantes italianos y que a lo largo de su carrera creó más de 250 obras sobre Juanito y Ramona.

Por Mercedes Ezquiaga (agencia Télam)

Edición: Mario Pernigotti

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