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lunes, enero 30, 2023

Cuando la placa de fondo rojo miente

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El autobombo del canal Crónica TV respecto de sus primicias no está avalado por los hechos. El caso del turista canadiense tristemente desaparecido en Cataratas fue una perla más en el extenso collar del canal que pone la pantalla en rojo (¿sangre?) y hace sonar la marcha de las barras y las estrellas

En 1999 hubo dos accidentes aéreos que impactaron al mundo y la Argentina. En esa época, me encontraba a cargo de la sección El País y el Mundo de El Territorio (antes, simplemente, se llamaba Cables).

Y pude seguir de cerca cómo funcionaron los medios audiovisuales en la ocasión. Pero en especial uno: el famoso canal de Héctor Ricardo García, Crónica TV. El hombre que en los 60 hacía roncha (y vendía decenas y centenares de miles de ejemplares cada semana) con sus ediciones que “chorreaban sangre” (al decir popular) de la revista Así, se había animado a la TV por cable.

Y trasladó esa impronta de lo urgente por sobre todo.

Como se sabe, esta señal de televisión se arroga un cartel que -veremos después- le queda bastante grande. Ellos son los que llegan antes, saben todo anticipado y tienen -vaya la jerga- las primicias de los casos más famosos.

Las cosas tienen sus bemoles.

Un piloto que no manejaba por instrumentos

Empezaré por el primer hecho cronológico.

En la noche nublada, húmeda y cálida del 16 de julio de 1999 un avión Piper Saratoga II volaba sobre el mar rumbo a la isla Martha’s Vineyard, Massachusetts, en el nordeste de Estados Unidos. Se trata, para ubicar al lector, de un lugar bacán y donde la gente más rica y poderosa del país suele veranear. Algo así como una Punta del Este del norte.

El piloto era el famoso John F. Kennedy Jr. de 38 años, a quien su familia llamaba “John John”. Junto a él viajaban su esposa Carolyn Bessette, de 33, y su cuñada, Lauren Bessette, de 34.

Su padre había sido el expresidente John F. Kennedy, quien fue asesinado el 22 de noviembre de 1963, cuando John John tenía solo 3 años.

El avión de John John nunca llegó a su destino. Hacia las 21:41, la avioneta se estrelló en el mar y sus tres ocupantes murieron.

El joven sabía manejar los aviones, tenía el placet, pero padecía de un defecto: sólo pilotaba con visión. No tenía conocimientos de manejo por instrumentos. Es decir: para aterrizar tenía que estar viendo la pista. Y John John no podía ver la pista: la neblina calurosa se lo impedía. Sólo le hubiera servido aterrizar por ILS.

Y así fue que perdieron sus vidas. Él, su esposa y su cuñada.

Como teníamos algunas horas menos, la noticia llegó al momento del cierre (de la edición gráfica) y por supuesto, como en toda redacción, siempre hay una pantalla de noticiero encendida.

Nunca falta un comedido que pide: “Poné Crónica TV, poné Crónica”.

Y ahí van: aparecen las pantallas de fondo rojo y letras en alta gigantescas.

Para hacerla corta: A las pocas horas de ocurrido el accidente, Crónica TV ya tenía el avión hallado en el fondo del mar con el cuerpo de los tres ocupantes del mismo. Todo resuelto.

Crónica TV ya había resuelto el caso.

Ni en Estados Unidos lograron eso.

Sólo Crónica.

El avión recién fue hallado el 20 de julio (cuatro días después) y ahí sí, los cuerpos recuperados.

Sólo Crónica lo había hecho el 16 de julio a la noche.

En pleno Buenos Aires

El otro hecho ocurrió con pocos días de separación. Fue ese mismo 1999 y pasó en Buenos Aires.

Los automovilistas que avanzaban esa noche por la avenida Costanera hacia el norte y debieron frenar por el semáforo en rojo frente a Punta Carrasco no podían creer lo que veían sus ojos. Como si estuvieran mirando una película de terror en un autocine, contemplaron como un gigantesco avión Boeing 737 de 35 metros de largo, rompía todos los cercos del final del Aeroparque Jorge Newbery, atravesaba envuelto en chispas de fuego la calzada sobre el fuselaje a más de 200 kilómetros por hora, arrollaba a tres vehículos que no habían alcanzado a frenar a tiempo, arrasaba una planta reguladora de gas en la vereda opuesta y se estrellaba contra el talud que marcaba el límite de una cancha de golf, para convertirse al final de su trágico viaje terrestre (nunca llegó a ser vuelo) en una bola de fuego mortal.

La edición gráfica de Crónica al otro día tampoco se anduvo con chiquitas en los fallecidos

Era el vuelo 3142 de la aerolínea privada Lapa con 98 pasajeros y cinco tripulantes.

¿El lector ya supone cuál fue el primer canal en llegar y en titular su primicia?

Sí, acertó.

Nunca se sabrá si es verdad.

Lo concreto es que esa vez no sólo fue la TV.

La cuestión siguió al día siguiente en la edición gráfica.

Para Crónica los fallecidos eran 90; en realidad fueron 65 (e igual, sigue siendo una de las mayores tragedias aéreas de Argentina). Y recién al día siguiente corrigieron esa versión.

Pero lo peor estuvo en la pantalla. Y doy fe porque estaba pendiente, mientras leía cables y escuchaba la radio a ver qué decían.

Lo que dijeron es directamente impresentable. ¿Saben que Crónica TV dijo con su famosa voz en off que el piloto y copiloto habían escapado ilesos del accidente y que se habían ido a tomar unos mates en la casa de unos conocidos?

Aunque parezca el mal argumento de una película tipo ‘Y ¿dónde está el piloto?..’ juro que lo escuché. Naturalmente, ambos navegantes que estaban en la cabina fallecieron en el impacto y posterior incendio.

Estos días volví a ser testigo de estas clásicas maniobras.

Quería vivir acá

El canadiense Sean Saraq amaba la Argentina.

Un auténtico nerd que conocía de redes más que de otras realidades concretas se sentía muy a gusto en Buenos Aires donde pensaba venir a vivir una vez que se jubilara.

El impecable trabajo de Florencia Illbele para Infobae reconstruyó los últimos minutos de vida y sus últimos días también.

Había llegado al país a inicios de octubre y quiso conocer las Cataratas. Llegó, se registró en el hotel Mercure y partió presto al Parque. Su destino final.
Era el lunes 17 de octubre.

Entró al predio entre 9:30 y 9:40. Cerca de las 10.30 se quitó una de sus zapatillas marca Under Armour y se trepó a la baranda para obtener una selfie con la vista impresionante de millones de litros de agua pasando por el lugar.

Se resbaló, se deslizó, cayó al cauce.

“¿Cómo es que no gritó, no pidió auxilio?”, cuestionaban algunos suspicaces al alimentar la hipótesis del suicidio.

Pero no: el ruido era ensordecedor. El movimiento intenso. Estaba solo. Cayó y pensó que podía dominar la corriente. Quizá gritó. Pero con ese ruido ¿quién lo iba a escuchar? Una foto fue muy elocuente. Se lo ve dentro del agua con la cabeza afuera y como queriendo -aún- manejar la situación.

No pudo.

Fin

Chau, Sean.

Todos los medios se hicieron eco de la historia.

Hasta Crónica.

Pero el canal de García volvió por las suyas.

El lunes a la tarde, a las pocas horas de la desaparición del cuerpo de Sean Saraq Crónica consiguió transmitir desde Puerto Iguazú.

¿Quieren saber qué dijo?

  1. Ya habían hallado el cuerpo
  2. Se trataba de un argentino (de provincia de Buenos Aires)
  3. De la zona sur de Buenos Aires
  4. Tenía entre 30 y 40 años

¿El lector no cree?

Ahora puede verlo. Las pruebas al canto

Nicolás Antonowicz, un colega de Puerto Iguazú señaló otro dato: “no entiendo, están mostrando imágenes de una represa que está arriba de Cataratas. Nada que ver con Cataratas ni con el Bosetti. Creo que son de Baixo Iguazú y hay otra represa también. Bueno ellos ya lo encontraron”, agregó resignadamente..

Valen las imágenes porque esta vez puedo afirmarlo con pruebas claritas: eran las 17.38 del lunes 17 de octubre. Y Crónica TV ya había encontrado el cuerpo del pobre Sean Saraq. Ni la policía, ni los de Prefectura, ni los del Parque. Ni los brasileños, ni argentinos ni los paraguayos. Sólo Crónica.

Y, sí: era primicia.

El martes 18 cerca de las 19 (a más de 36 horas de la desaparición del cuerpo de Saraq y a más de 26 horas de la primicia) una lancha de la empresa de turismo brasileña chocó contra el cuerpo de -ahora sí- Sean Saraq.

Y, no.

No era argentino.

No era del sur de provincia de Buenos Aires

Tenía más que entre 30 y 40 años.

Todo eso, que la mayoría de los medios había sostenido con cierto criterio, Crónica lo había obviado.

A estas alturas, huelgan los comentarios.

Se los dejo a los amables lectores

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