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miércoles, junio 19, 2024

Sí, un negocio que vende XXL y XXXL para mujeres reales

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Johana Laudani empezó en 2016 en el living de su casa con dos percheros y 12 mil pesos. Apuntó a ropa y lencería de números grandes (XXL y XXXL) y de a poco se fue haciendo un espacio. Hace un año, facturaba el equivalete a 60 mil dólares mensuales. La mitad compra y la otra mitad desarrolla en su empresa

“Empecé a ofrecer algunas prendas de la moda circular a las que apliqué mejoras: bordados, retoques varios. En muchos casos, las interesadas aparecían y ahí me dí cuenta: lo que había comprado era todo talle small (pequeño) o S. Y la gran mayoría de las mujeres NO son de esa talla. Acá las chicas reales tienen talle X (bien grande) XX o XXXL”. Así reflexionaba una vendedora en Posadas que ofrece sus vestimentas por internet. Ese es el problema: se trae mucha ropa desde oriente donde las mujeres son menudas y su estructura ósea no tiene nada que ver con la figura de las latinas y mujeres de esta región del mundo. Allá, el modelo parece ser una mujer de 45 kilos, flaca, alta, con levedad. Aquí, las mujeres son fuertes, se alimentan bien, tupido, aquí se usan los hidratos de carbono y las proteínas en las comidas y se tienen piernas fuertes y caderas anchas. Para esa clase de cuerpos, muchas veces no hay ropas. Pero van surgiendo casos como el de Wokka.

Johana Laudani tenía experiencia en compra y reventa de productos de lencería. Hace ocho años (en 2016) decidió lanzarse a la venta de ropa y ampliar así su oferta. La mujer vive en Olivos provincia de Buenos Aires y su historia con su marca Wokka fue referida por Laura Andahazi Kasnya en iProfesional.

¿Qué pasó? Sencillo: de a poco fue encontrando el nicho de mercado en las medidas extra grandes. Esas que tienen una ley de talles pero que cuesta mucho cumplirlas. Y ahí Laudani apuntó. Y acertó. Las fábricas no entregan, los mayoristas no disponen y la gente desespera. Pero ella conseguía esos talles “difíciles”.

Y sencillamente por esta razón su marca Wokka vende por mes 2500 prendas a todo el país desde su tienda online y desde su local de 300 metros cuadrados en Olivos donde pasan al menos 160 clientes por día.

“Decirle a alguien que no tenía nada de su talle me angustiaba muchísimo; no quería estar en esa situación”, cuenta Laudani. El negocio en realidad arrancó con la premisa de que la gente pudiera encontrar en Wokka prendas que satisfagan todos los estilos y que por lo tanto, cada uno encontrar el look que lo represente, pero el tema de los talles se volvió crucial para la emprendedora y sin perder de vista la premisa original puso el foco en poder vestir todos los cuerpos.

¿Cómo empezó a proveerse? Cuando no había acá logró a través de la importación. Ya se sabe: en oriente la mayoría de la gente tiene tallas pequeñas o relativamente chicas. Pero desde Estados Unidos (en especial) sí se pueden conseguir las grandes y extra grandes. Ahí fue a buscar la dueña de Wokka.

“Con la masividad de los pedidos, los que nos vendían los jean me propusieron, por primera vez, producir para mí, con mi marca y toda la curva de talles; claro en la pandemia no vendían nada y yo les hacía pedidos enormes”, recuerda. Hoy, los jeans Wokka, que van del talle 32 al 68, son su producto estrella. Todo eso pegó el salto durante la pandemia. Así surgió su marca propia.

No es que las fábricas estén llenas de sádicos maléficos. En muchos casos, la cuestión es la escala. Si se producen pocas unidades de una prenda, no se llega a amortizar el valor.

El ejemplo lo da la propia emprendedora. Laudani trabaja con una decena de empresas mayoristas que ampliaron su curva de talles. Sin embargo, algunos productos, como los sweaters, le cuesta aun conseguir y, explica que tampoco puede mandar a fabricarlos porque le piden un mínimo de 3000 por talle y modelo; un mínimo viable para un módulo mayorista que hoy la marca no puede tener, pero que no descarta para el futuro. O sea, el fabricante viene y le dice:”Yo te fabrico y te vendo. Pero vos tenés que comprarme al menos 3 mil unidades”. Porái, gritaba Garay.

Aunque la mayoría de las prendas son para mujeres, Laudani, quien opina que la indumentaria no tiene género, ofrece también ropa unisex para adultos. “Nos encantaría también tener ropa para niños, pero la verdad es que si bien el local es grande, ya no tenemos espacio; está rebasado de ropa”, confiesa la emprendedora que por mes factura alrededor de $27 millones y emplea a 16 personas.

Laudani (izquierda) y una cliente modelo. “Apuntamos a un look unisex”, dijo

Aunque se las piden, Laudani no va a otorgar franquicias de la marca. Si bien reconoce que le permitiría tener presencia en zonas donde físicamente ella no puede llegar, prefiere no hacerlo porque considera que la marca perdería su objetivo social y esencia.

“La persona que te pide una franquicia quiere ganar planta, no es por amor al arte. Yo no quiero a un franquiciado que quiera vender un talle 60 porque entiende que hay mercado y que no le importa la clienta. Nosotros trabajamos con total honestidad; nunca vamos estar diciendo ‘llevatela que te queda hermosa ‘y en realidad no; preferimos no vender antes que traicionar la confianza de nuestras clientas”, le contó la dueña de Wokka a la periodista.

Y da una mirada sobre cómo sufren (en especial, las mujeres) por el tema de las ropas que “no le entran”. La falta de talles “genera un daño psicológico inmenso y se intensifican los trastornos alimenticios. Yo no quiero ganar más plata; yo quiero llegar a esa chica que está lastimada por el mercado y la industria que le da la espalda”

Para llegar a más cantidad de gente, Laudani entiende también que debe tener precios inclusivos. Por lo tanto, cada movimiento que hacen en Wokka lo calculan para impactar lo menos posible en el precio final. “Cuando nos mudamos a Olivos, sabiendo que íbamos a tener más metros y por lo tanto también más empleados, no aumentamos ni un punto los precios, al contrario en realidad fue como si hubiéramos bajado dos porque justo en un momento en el que aumentó todo un 500%”, se enorgullece.

Es como el “efecto heladería”. En la elaboración de cremas heladas las que llevan insumos más costosos se promedian con las demás y así sale un precio medio donde todos los gustan cuestan lo mismo. En Wokka usan este método. Muchas clientes se quejaron que en muchos negocios los jeans, por ejemplo, tenían hasta unos 10 mil pesos de diferencia entre el talle 38 y el 60. “El otro día una chica me decía ‘me cobran más por ser gorda’; pero nosotros lo que hacemos es promediar el gasto que tenemos en cada calle y sacar un precio único”, dice con una sonrisa mientras posa con sus modelos y dice que no piensa dar franquicias y esperar para nuevos negocios para lo que se viene .

Wokka tiene presencia en las redes (Facebook e Instagram)

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