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domingo, junio 16, 2024

El Tesoro de los padres y un problema entre dos países

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Luego del secuestro de una estudiante posadeña, la información vuela entre cancillerías pero se descubren algunos problemas anteriores que dificultan las negociaciones. Una llamada desesperada y una búsqueda que empieza a tomar forma

En el resumen de lo publicado hasta ahora en forma de folletín semanal, vaya la enumeración de los capítulos y su descripción.

Breve descripción de los capı́tulos ya publicados
1 – Por los caminos del Señor Tadeus – En 1768 Un jesuita de la Misión
de Santa María va a partir hacia San Ignacio mientras los paulistas que
buscan esclavos se preparan para atacar la Reducción
2 – Territorio pirata – En la actualidad, Zosa Guarencio es un capo de la
marihuana y está enojado con las autoridades argentinas porque “no
cumplen sus pactos”. Y busca realizar una acción vengativa: secuestrar la hija de un Prefecto
3 – La sartén y el fuego – Linda Celeste (17) es la hija del Prefecto que
acaba de ser secuestrada. Primero no toma conciencia de la situación y cree que ha sufrido un accidente mientras iba a la escuela
4 – Integrado y vital – Gilles Bechardié es un camarógrafo de la TV
francesa que tiene la posibilidad de venir a filmar en Sudamérica un
documental sobre las Misiones Jesuíticas. Está entusiasmado porque espera hallar tesoros ocultos

5 – La selva tiene muchos ojos y algunas miradas – Próximo a desatarse la batalla entre los esclavistas portugueses y los habitantes de la misión Santa María, un cura jesuita tiene que partir y lleva una carga valiosa en sus alforjas.

Capítulo 6.

Un conflicto internacional

La noche anterior, el Prefecto Gomez Cervinho soñó. Era niño y estaba con su padre. Iban paseando de la mano y él estaba feliz. Porque le habían comprado un chupetón gigante. Esos tipo paleta, con colores brillantes, rojo, verde, amarillo. Todo azúcar y dulzura. Lo lamía y caminaban. Eran caminos con vueltas. Luego ya estaban andando en algún vehículo. Él calculaba que se movilizaban un auto, pero no podía ver qué los trasladaba. Su padre ya no estaba más. Pero las rutas eran extrañas. Tenían vueltas y contravueltas. Con caminos que pasaban por arriba y otros por abajo. Parecidos a esos juegos que había visto de chico con pistas para trenes o los Scalectrix para las competencias de autos deportivos. Él aceleraba y luego se daba cuenta que volvía adonde había iniciado el recorrido. Era perturbador. Quería estacionar su vehículo y los lugares eran poco espaciosos. Le costaba. Y luego… la caída. Veloz… desesperante, en un pozo oscuro. Cuando niño, solía despertarse a los gritos. Con sus padres alterados y preocupados por estas reacciones, aprendió a reprimir el bochinche. Le daba la sensación de que su mente le enseñó a que todo se trataba de un sueño. Extraña es la mente, solía reflexionar cuando se despertaba. Sus preocupaciones del día parecían viajar con él a su cama y se apoyaban en su almohada. En cuanto, pegaba un ojo, las imágenes con problemas aparecían en sus sueños. A veces se elevaba y volaba. Pero, eran las menos. En otras ocasiones –como esta noche- estaba en una mesa examinadora. Y el tribunal lo miraba atento y porfiaba en sus partes menos sabidas de la lección. Un profesor tenía el rostro de su padre y otro el de su abuelo. El Prefecto sabía que esto no podía haber sido real porque ni su padre ni el padre de éste nunca se habían dedicado a la docencia ni se habían sentado en una mesa examinadora. Pero ahí estaban. “A ver, alumno Gomez Cervinho, coméntenos… ¿qué tipo de nudo es el que deben hacer los marineros de agua dulce para amarrar un buque de calado 18?”, le consultaba su padre y le realizaba un guiño. “Pero, cómo, pensaba el Prefecto, ¿éste es un examen para ingresar a la Prefectura?” y luego cavilaba: “¿Por qué él me hace un guiño, no se da cuenta que los demás van a sospechar que este examen está ‘arreglado’ y más cuando se enteren de que es mi padre?” El abuelo sólo miraba y levantaba sus espesas cejas mientras esperaba a que él respondiera. Cuando intentaba abrir la boca para responder, el Prefecto se dio cuenta que su boca estaba abierta y profería su breve resonancia. Su esposa se daba vuelta en la cama y él volvía a la vigilia y sus preocupaciones diarias… El sueño había terminado…

Los empleados de los Ministerios de Relaciones Exteriores del Paraguay y la Argentina trabajan en silencio y a destajo. Han recibido una orden secreta acerca de un secuestro internacional y por ahora no permitieron que los largos tentáculos auditivos de la prensa lleguen a captar y transmitir la novedad.

Pero saben que el tiempo no jugará a favor de sendas Cancillerías, ya que siempre habrá alguien a quien se “le escape” la novedad y ésta correrá a la velocidad de una llamarada sobre un regadío de pólvora. Primero entrará por alguna ventana pequeña (algún medio marginal, una radio pequeña o un programa o diario pequeño). Allí será su test de calidad. Si la noticia tenía el temple necesario para resistir ese calor inicial, su fuerza crecerá y no se la detendrá tan fácil. En cambio, si no tenía sustento, sería como esos fuegos iniciados sobre papel: durarán lo que la llama inicial y se extinguirán por sí mismos.

Y ya estaba pasando su prueba de fuego. En cualquier momento, las agencias de noticias, los canales de cable, los portales de las grandes cadenas, las redes, todos estarían divulgando la ingrata nueva.

Pero además, en el caso del secuestro de Linda Celeste Gomez Cervinho, la hija de un jefe de Prefectura en Misiones, estaban los propios familiares que en su preocupación darían a conocer la novedad, más allá de que el padre intentaría –desde su posición- retener la historia la mayor cantidad de tiempo posible.

Como en una comedia de enredos, mezclada del patetismo de las películas italianas de los años 50, los secuestradores tenían que avisar a la familia de Celeste sobre la novedad pero no sabían cómo.

“NO usen el teléfono celular de ustedes porque después se los pueden rastrear y ubicarlos. O al menos, saber a quién pertenecen y encontrarnos más fácil”, había sido la instrucción.

Así, el hombre de acento porteño y sus laderos paraguayos se acercaron a tres cabinas telefónicas para hacer la llamada. No pudieron. EN una, que aparentemente tenía tono, tenía trabado el canal de ingreso de monedas. En los otros dos, los aparatos estaban rotos, y era evidente que hacía mucho tiempo no se los utilizaba. La década del noventa estaba lejos y a la sazón funcionaban los aparatos. Ahora, con el auge de los móviles, ¿quién usaba una cabina callejera? Nadie. Sólo ellos intentaban.

“Creo que vamos a tener que usar una cabina de telecentro”, comentó en voz alta el líder.

El problema era que cada vez que encontraban uno, se daban cuenta que no tenían la intimidad necesaria para hacer la llamada sin ser escuchados por eventuales testigos que podían dar el alerta sobre la carga que llevaban.

Así, fueron viajando por la ruta 12, hacia el Norte y en cada pueblo que paraban, buscaban las famosas cabinas.

Luego de dejar Candelaria, encontraron un telecentro. Y allí, no hubo mejoras.

“Hola… con la casa del Prefecto..:”

-Sí, aquí la casa del Prefecto. Mire, él no se encuentra y tampoco la señora. Habla Martina, la empleada doméstica por si quiere dejar un mensaje…

-Señora, avísele al Prefecto que tenemos secuestrada a su…

-¿¡¡¡Quéeee!!!???? No.. Escúcheme usted. No le creo nada. EL Prefecto ya nos avisó. Ustedes son esos que llaman desde el Penal para decir que tienen secuestrado a alguien de la familia y así sacarnos plata… NO, señor. No se gaste. Déjese de molestar…., dijo la mujer y colgó.

El argentino quedó con el teléfono en la mano y mirando el aparato con un gesto tonto. La mujer no les creía.

En ese momento de incertidumbre, volvieron a llamar y la mujer les volvió a colgar.

Uno de los compinches le pidió el teléfono y volvió a intentar.

Tuvo más suerte: en ese momento entraba la esposa de Cervinho.

-Qué pasa Martina?

-Nada, señora. Unos presos molestos que quieren hacer creer que tienen a alguien de la familia secuestrado para sacarnos plata. ¿Recuerda lo que nos dijo el Prefecto??? Que eran presos que llaman para decir que tienen a alguien de rehén e intentan sacar dinero y tarjetas telefónicas…?

-A ver, dame. ¿Hola..?

-Sí, señora. Mire tenemos secuestrada a su hija.

-Cómo dice.

-Hoy la secuestramos cuando salió para ir a la escuela. Avísele a su marido porque están en problemas.

-Pero, pero… ¿cómo sabemos que no nos está mintiendo?

-¿Quiere que le diga cómo está vestida… o va a avisarle a su marido sin más?

-Y ¿¿¿qué es lo que quieren??? -comenzó a asustarse la mujer, mientras buscaba en su celular el número de su hija para hacer una llamada urgente.

-Dígale de parte de Zosa Guarancio que él sabe por qué le está pasando esto…

-Pero, pero… -tartamudeaba –¿Por qué se la agarran con mi hija? ¿Qué tenemos que hacer? –ya casi estaba gritando mientras no hacía caso a la gestualidad de Martina que le pedía que ignore la llamada. Ella estaba casi segura que sí tenían de rehén a su querida hija.

No había terminado de hablar cuando con gran nerviosismo llamaba al móvil de su hija pero no recibía respuestas. Llamó a Patricia, la compañera que solía ir con Linda a la escuela. “Pato…Soy yo, Mercedes la mamá de Linda… ¿está ella con vos en el aula..? ¿NO? (su voz sonaba cada vez más desesperada) ¿Fueron juntas esta mañana? ¿No…? (pausa) Bueno, lo que pasa es que pensábamos que fue con vos… ¡Claro! Si salió para ir con vos al cole… Mirá, no sabemos dónde está. Acá hay unos tipos… que… Mejor corto y llamo a mi marido ¿sabés? Cualquier cosa te llamo después. Por ahí se hizo la rata porque tenía alguna materia que le tomaban hoy. ¿NO te avisó nada? Bueno, chau, chau”.

-Hola… ¿Prefectura? Con Gomez Cervinho, urgente por favor… Sí, la esposa, dígale que es urgente. (El prefecto era inmune a los pedidos de sus familiares, amigos y su esposa de usar aparatos móviles salvo las radios tipo walkie-talkie de la fuerza y sólo en ocasión de salir a patrullar).

****************

Cerca de las dos de la tarde, una radio local se hizo eco inicialmente de la versión de que una joven estudiante posadeña había sido secuestrada. Y luego un portal de noticias realimentó la versión pero no tuvo mucho eco: en Misiones, la siesta se respeta rigurosamente y son pocos los que andan buscando noticias a esas horas de sosiego y reposo.

En cambio, en Buenos Aires, ese período entre las 15 y las 17 tenía como siempre un ritmo mucho más intenso. Aún no había llegado la novedad ni en forma extraoficial pero los funcionarios de Cancillería ya tomaban contacto con sus pares de Asunción.

El conflicto internacional estaba en ciernes.

En el Palacio de los López hay mucho enojo con la Argentina porque el país no acepta devolver un ex terrorista acusado de haber atentado contra campesinos y provocado una revuelta en la zona oriental del país, en cercanías de la frontera con Brasil. El caso Ezequiel Ventegas Sarquich ha irritado mucho al Paraguay y Argentina no lo ha devuelto tal como lo pedían. Ventegas está oculto en la provincia de Buenos Aires y las autoridades nacionales –aunque lo sepan- no desean devolverlo. Ahora, Paraguay está en una situación de fuerza para negociar.

“¿Así que quieren que salgamos a buscar a esta jovencita misionera? Bien, pues, sólo lo haremos cuando nuestros amigos de Buenos Aires descubran dónde está oculto el rapaz Ventegas Sarquich. Y nos los manden envuelto para regalito, porque aquí la Justicia tiene muchas preguntas para hacerle”, había respondido el secretario de la Cancillería a sus colaboradores.

Con el estilo desenfadado de los periodistas guaraníes, la televisión y las radios del país echaban a rodar la respuesta aunque fuera extraoficial y en la Cancillería paraguaya lo negarían formalmente. Pero en la Argentina, sabían que Ventegas tenía los días contados de seguridad con su nueva mujercita, hija de paraguayos en Ituzaingó al Oeste de la provincia. La prioridad era encontrar a la estudiante que estaba en manos de gente de Zosa Guarancio y eso no se podía permitir. Si ese tipo era un loco…

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