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sábado, septiembre 25, 2021

El hombre que quiso liberar el Paraguay IV: Las piedras de Tacumbú y después, Peña Hermosa

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En la cuarta parte de su relato, Rubén Ayala Ferreira sigue desgranando memorias sobre las torturas recibidas en Asunción y luego, finalmente, el confinamiento en una isla distante a 600 kilómetros al norte de la capital

A fines de 1959, todos los guerrilleros del movimiento 14M apresados ya estaban en Asunción, la capital paraguaya.

Los tormentos y torturas no cesaban en la búsqueda de información y Rubén Ayala Ferreira era uno de los apuntados. Entre otras cosas, porque lo consideraban uno de los líderes en la intentona.

La memoria intacta. Rubén Ayala Ferreira refiere con precisión sucesos ocurridos hace seis décadas

“Está la Jefatura de Policía sobre calle Presidente Franco frente a la Catedral. Y ahí nomás, cruzando la calle está la Brigada de Investigaciones. Y el jefe era Erasmo Candia. Tenía el pelo cortado a rapé, ojos azules. Un nazi. Nervioso. En algún rapto de ira, me tiró un tintero por la cabeza”, recuerda.

Llegaron ahí, había muchos presos. Quedaron en un pasillo. Les llevaron una comida.

A la noche, lo que no quería oírse: “Esteche, Ayala”.

“Cruzamos la calle y llegamos al despacho del jefe de Policía. Estaban dos generales, uno era un tal Cáceres del comando de aviación.

“Si no estaba el general acá, éste (por mí) iba a ser la comida principal y éste (por Esteche) iba a ser el postre”, dijo amenazante..”.

Y ahí conoció el látigo usado para los tormentos.

El ‘teyuruguay’, un látigo que pasaba a ser una especie de “cena” de los militares torturadores.

“Era un teyuruguay (látigo). Y estaba colgado con el cuadro de Stroessner atrás.

“Ahí estaba trenzadito. Y la cena pasó a ser trenzadito y la cachiporra el postre. El mayor Parra, un pyragüé, les había pasado la información. O sea, pyragüé es un pie peludo. Aún hoy en día el uso de la palabra sigue vigente. No es una traducción literal. Para la profesora Betty Chavez es “pyragué” sin la diéresis ya que este complemento de la lengua castellana le da otro sonido a la expresión guaraní. “Eso señalará un vocablo nasal”, aclaró.

-El jefe de Policía dice: Llévele a estos. No vaya por el centro.

“Y yo me pregunté: ¿A dónde me van a llevar?

Fue a un lugar que era el casino de oficiales la policía. Era un sector donde funcionaba la sala de tortura.

“Llegamos estaban jugando al billar. Nos sentaron en un banquito.  Al rato sale un muchacho de un cuarto oscuro y gritaba ‘Ndaikuaavéima’ (“Yo no sé qué más voy a hacer / No sé nada más”).

Y entra Esteche y lo torturan. “Él sabía mucho más que yo”.

Al rato, sale y se va.

Y luego me miran a mí: “De éste ¿qué vamos a hacer?”

“Es raro lo que ocurrió. Algunos decían que era un argentino de apellido Raimondi que estaba allí. Pero otros no, que era paraguayo. Decían que era un especialista en torturas y lanza una frase brutal: “Este fue a Mbuyapey a formar montoneras y está negando…”

Y el reclamo del torturado a seis décadas, sigue sonando. “Y a mí no me preguntó nadie si fui a formar montoneras en Mbuyapey”.

Seguían en el casino. “Al rato entre los que estaban jugando a la pelota. Era un grupo de unos seis policías que llegan y están jugando a la pelota en shorcito se habían sacado el uniforme, uno me dice: Ahí está la canilla. Agarrá el balde y llená la pileta enlozada que hay ahí con agua”.

Entonces me dice: sáquese la ropa.

Y viene uno con un cuaderno y me dice:
“Contá bien todo. Esteche ya contó y a vos te conviene resguardar tu físico, sos joven…, me lanzó como advertencia”

Y la primera pregunta es: “¿Dónde están las armas que ustedes metieron por San Antonio?” (lugar cerca de Asunción).

Y ahí el viejo/joven Ayala Ferreira se resiste. “Primero no metí ningún arma por San Antonio.  Y segundo tampoco iba a contar nada”.

Ahí quedó desnudo atado de pies y manos. Estaban los seis y otro con un cuaderno.

“Luego viene uno y me da un golpe en la panza y adentro de la pileta.

La tortura está asociada a regímenes dictatoriales en todo el mundo (imagen ilustrativa)

Un golpecito de descarga eléctrica y te sacan.

Y ahí te preguntan: Remombe’úta ¿piko? (“Vas a contar?)

“Esa frase me retumbó por años en la cabeza”, dice y la vuelve a repetir. Los ecos siguen sonando.

“Lo que me preguntaban, a mí no me correspondía saber. Entonces, como para tirar algún dato, yo hablaba en contra del doctor Carísimo que se quedó acá en Posadas. Y que estaba en contra nuestro, de paso nomás… de esto y aquello. Porque algo tenés que decir. No te quedés callado. Porque es peor”.

¿Remombe’úta ¿piko? Te sacaban y te metían. Y la descarga.

-Aparece Esteche… Y le pregunto: “¿Dónde estabas?

“Y, yo le dije que sabía dónde estaban las armas”.

“¿Y…?”

-Y me llevaron a la casa de un Colorado. Nos echó a patadas de ahí. Imaginate, era como las dos de la madrugada. Y fuimos a Departamento Investigaciones.

El ingenio de la desesperación. Y el humor para la desesperación.

Y estuvimos ahí unos días.

Para año nuevo los llevan a Tacumbú. A la orilla del río Paraguy en un barrio asunceno.

Partiendo piedras

La cantera de Tacumbú. Se había empezar a explotar a fines del siglo XIX

“Había una cantera bastante grande que desapareció con nosotros. Yo era barretero. Al principio me rebotaba la barreta y te sacudía todo por adentro. Tenés que pegarle bien en la veta. Pero si no lo hacés, te rebota”, recuerda

“Mediante eso que yo era el barretero (claro que al principio me peló toda la mano) como yo estaba más alto no me pegaban”.

Abajo estaba Clérici con un mazo para que se fueran rompiendo las piezas en pedazos más pequeños y poder trasladar a donde llegaban los camiones.

-¿Para qué era?, pregunto.

“Y debía ser para sus negociados. Se repartían la plata. Se usaba para hacer empedrados de las “proyectadas” (unas avenidas en diagonal importantes de Asunción). Luego nos enviaron a colocar el empedrado y parece que no servíamos porque nos trajeron de vuelta a la cantera.

“No rendíamos como calzador de piedras” (risas)

Arnaldo Nené Clérici era el partidor de la piedra, a puro mazazo.

“Y Carlitos Madelaire el acarreador y él era el que más ligaba. Con un “arreador” le pegaban porque estaba ahí. Y le pegaban con ese arreador. Es un látigo con mango de madera. Tenía una lengüeta y te partía en una sola parte de la espalda. Los que sabían pegar (alguien de campo, por ejemplo) te pegaban (suisssh) y te sacaba pedazos de piel o rompía la camisa”.

El arreador, con su mango de madera era capaz de sacar pedazos de piel.

Uno de los momentos tristes fue cuando quedaron expuestos a los familiares y conocidos.

“Estuve de barretero comienzos de año 60. Íbamos todas las mañanas, en mi caso a partir piedras en el barrio Tacumbú que quedaba en el barrio homónimo”, dice Ayala Ferreira.

“Ahí nos veían nuestras familias. Mi madre, mis hermanas. Mi hermanito menor decía. “¿Ese es Rubén?”

Estaba rapado, ropa fea. Flaco. Y su mamá le llevaba cosas (alimentos, ropas) A veces llegaban, a veces no.

“Ella nunca me retó, pero me imagino lo que sufrió porque sabía de los que fallecieron en el intento del 12 de diciembre. Durante todo el gobierno de Stroessner el paraguayo se mostró muy sumiso. Los de Stroessner sabían que era él era el líder. Supongo …”, deja su pensamiento en voz alta.

“Estábamos presos en Tacumbú, en la sección donde ahora van los presos VIP de Paraguay. Los colorados ladrones, la Justicia los manda ahí. Y está muy modernizado tienen. En ese entonces nos daban (mate) cocido negro. Antes de ir a la cantera. Y nos pegaban con el arreador antes de irnos.

Ahí, Ayala Ferreira reflexiona. “¿Cuál es el peor momento cuando vas al dentista? Justo antes de entrar, ¿verdad? Cuando estás esperando tu turno para que te atiendan. Bueno, aquí era lo mismo…La tortura es igual. El turno, ahí es el peor momento. Una vez que te torturaron ya está”.

-Estábamos con nuestra tacita, nos pegaban con el arreador en la espalda acostados en el piso. Y eso, casi todos los días. Estuvimos ahí hasta que un día dicen: Se van a ir a Peña Hermosa.

Nuevo destino, al norte

Y la verdad, su compañera de trabajo, colega y amiga Ada López buscó con su computadora. “Le fui explicando Y encontró”.

Al fin podía ver desde el cielo, cómo eran los lugares y las distancias que había recorrido, mientras escapaba y dejaba atrás una pesadilla.

“Donde está Brasil, Puerto Murtinho, donde me escapé Aquidauana. Campo Grande… todo iba apareciendo en el Google Maps. Es fabuloso y yo recordaba todos esos nombres, pero no podía explicar si no tenía ni un mapa ni nada. Y ella encontró”.

Y así, fueron subiendo el río. “Nos llevaron en lancha por río Paraguay. Era hacia el Chaco región oriental. Pasamos Concepción al Norte y éramos 70 los que cayeron en Encarnación, en Puerto Rico, en Ciudad Stroessner, en Pedro Juan Caballero, los que entraron y no pudieron salir más”.

Era claro. Iban en la bodega del barco. “Recuerdo que jugaba la Copa Libertadores y escuchaban la radio. Y 1960 San Lorenzo cede la localía a Peñarol y yo quería seguir el partido. Ahí perdimos y tuvimos que esperar como 50 años para volver a intentar la Copa Libertadores. Mala decisión (risas)”.

Para corroborar los datos es sencillo. La inefable Wiki lo tiene. San Lorenzo y (el que sería a la postre, campeón) Peñarol jugaron semifinales de ida y vuelta de la primera edición de la Copa Libertadores de América el 28 y el 24 de mayo de 1960. Sendos empates obligaron a un tercer partido (no había definición por gol de visitante o por penales). Y el equipo argentino decidió que el tercer partido se podía jugar en Uruguay pese a que le correspondía jugarse en campo neutral. Los uruguayos ofrecieron dinero a cambio y así el “cuervo” debió esperar más de medio siglo hasta 2014. Por suerte, en esa ocasión Ayala Ferreira (fanático de San Lorenzo en Argentina y Olimpia en Paraguay) pudo ver y gozar como se lo merecía.

Peña Hermosa era una guarnición militar en una isla de cinco kilómetros de largo por 3 kilómetros de ancho. “Prisión Militar de Peña Hermosa” rezaba el cartel.

En una cabecera tenía la guarnición. La otra punta estaban 10 ó 12 familias con sus chacras.

El destacamento militar de Peña Hermosa en la actualidad.

“Era una prisión militar pero era la primera vez que iban no militares a ese presidio. Si un militar tuvo algún problema en el ejercicio de su actividad, eran castigados y confinados ahí”, explicó.

“Y hacían guardia de cualquier manera con nosotros. Los militares que estaban castigados era un grupo de diez o doce. Y luego estaban los soldados”. En total eran unos 60 más o menos.

“Ellos en una punta: el comandante, con sus armas, los dormitorios, los soldados Y la guardia en la costa del río”.

Trabajar en la olería. En la fábrica artesanal de ladrillos Ayala Ferreira cuidaba el animal (foto figurativa).

Un día le dijeron si no quería ir a trabajar en la chacra.

“Vamos a probar. Dos días estuve con la azada. Y no me gustó. Y volví nomás a cuidar el burrito” (risas).

“Ahí ya no nos pegaban más. El comandante se hizo amigo con nosotros. Hubo buena relación. Se hizo un torneo de ajedrez. Yo le gané a (Juan) Pochi Ventre Buzarquis. Pusieron unas tacuaras para el público y estaba de moda el ajedrez en esa época. Y jugaba bien, yo, en esa época”.

El destacamento Peña Hermosa en la actualidad en una captura de video.

Había algunos problemas menores.

Carlitos Madelaire tardaba más. Era muy aburrido jugar contra él porque no movía nunca. Y, claro (piensa, irónico) no había tiempo, viste…

-Y ahí empieza a germinar la idea de escaparse, pregunto casi ingenuamente…

-Es que cuando uno está preso, lo primero que pensás es en escapar. Es una condición natural del ser humano. Recuperar la libertad que es lo más grande que un ser humano tiene sobre la tierra…

Y redondea: “Cuando ha perdido la libertad. Por eso cuando es un dictador de derecha o de izquierda lo que menos aguanto es la gente que te hace perder la libertad. Tenés gente que habla contra las dictaduras de derecha y cae en las dictaduras de izquierda. Es un contrasentido”.

La idea ya estaba inserta. Había que ir pensando en el cómo.

Y eso será otro capítulo.

Fin de la cuarta parte

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