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jueves, mayo 26, 2022

Nacieron pobres, pero pudieron sobreponerse a todo

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Son millonarios, pero empezaron no desde abajo sino desde el subsuelo. Y, sin embargo, lo lograron. En base a talento, esfuerzo, inteligencia, estar preparados para cuando llegara la oportunidad alcanzaron sus objetivos.  Y ponen en el tapete la idea de que el rico mediocre tiene más posibilidades que el pobre inteligente

Fue una infancia dura. Era la posguerra cuando Arnold Schwarzeneger nació. En Austria zona de Alpes, viviendo en ámbito rural. Un padre, que además había tenido simpatías con el fenecido régimen nazi, lo educaba a punta de varillazos. “En aquel entonces, en Austria, era un mundo muy diferente: si hacíamos algo malo o desobedecíamos a nuestros padres, la varilla no faltaba. Seguía siendo el criterio en la escuela. ¡Poner las manos sobre la mesa y el golpe!”

Su familia era católica y su padre tuvo contactos nazis

Pero lo más difícil era la pobreza. Había que ir, por ejemplo, a buscar agua lejos, a pulso, en baldes. La vida no era sencilla. Y sin embargo, el joven aplicado en la escuela, a base de duros castigos paternales, fue iba pergeñando su idea. Si no era futbolista sería fisicoculturista. Estaba decidido a eso.

Su mamá Aurelia, una católica devota, observaba la habitación de Arnold llena de posters de hombres semidesnudos que exhibían sus músculos y quedaba azorada. “¿A dónde quiere ir este mi hijo?”, se preguntaba y temía la respuesta.

Pero no. Arnold no tenía tendencias homosexuales. Solo miraba los músculos trabajados de esos hombres que eran campeones del mundo.

Y él sería uno de ellos.
Y así fue.

Salió campeón europeo. Dejó Austria. Viajó a California y probó entrar en la industria del cine.

Lo demás es bastante conocido.

“…Hasta la vista baby” ya es parte de la cultura moderna.

Y Arnold un triunfador nato que a fuerza de voluntad y empeño más la inteligencia pudo superar un inicio nada favorable.

Ahora, la gran duda

Dicen que lo dijo Alberto Fernández.

Su frase fue: “un hombre o una mujer inteligente nacidos en la pobreza no tienen la misma probabilidad que un hombre mediocre nacido en la riqueza”.

Sin embargo, los hechos parecen contradecir este axioma.

Hay -además de la historia de Schwarzenegger- muchas otras que lo respaldan.

Quizá Oprah Winfrey se constituya en un ejemplo. ¿Qué puede ser más dificultoso que nacer en los años 50 en el sur de Estados Unidos y ser mujer?

Ella reunía todos los requisitos.

Pero pudo entrar a la universidad (era una época en que los colectivos no permitían a los negros viajar sentados, por ejemplo y los chicos del KKK solían hacer de las suyas sin castigo) y luego trabajar como corresponsal deportivo en un canal de TV. Lo demás, es mucho más conocido. Al mejor estilo Susana Giménez, maneja un programa de entrevistas y ya nadie se atreve a discutirle nada. Auqnue los memoriosos aún la recuerdan con sus grandes dotes histriónicas en la inolvidable Color púrpura de Steven Spielberg.

Y qué decir de Jack Ma, el fundador del sitio de ventas on line Alibaba, el Amazon de oriente. Cuando nació, China estaba aislada del mundo, dentro del régimen maoísta. ¿Qué hizo Jack? Aunque era muy pobre, lo primero fue aprender inglés. Después pensó en cómo recibir y atender a visitantes a su ciudad.

Igual, le costó todo: ingresar a la universidad implicó probar cuatro veces el examen. En la última, al fin, pudo alistarse. Luego se recibió de profesor de Lengua (china). Fundó su primera empresa de servicios de traducción. Un cliente lo invitó a viajar a Estados Unidos. Era 1994. Conoció internet y le vio la potencialidad. Volvió a China y empezó con una firma de servicios de venta de productos y servicios chinos. Tuvo relativo éxito.

Pero en 1999, la cosa se disparó. Reunió a 17 empresarios y les ofreció su “market place” que estaba por crear. Alibabá. El resto es historia conocida.

¿Para qué seguir?

Quizá el italiano Leonardo (¡con ese nombre, diría alguno!) del Vecchio.

De tan pobres que eran, él y sus hermanos fueron entregados por su madre a un orfanato. Cuando era un joven operario en la industria automotriz, trabajaba como instalador de cristales en el armado. Y un accidente le dejó sin un dedo en la mano. En vez de quejarse aprovechó la experiencia de trabajar con cristales y vidrios (a los 15 años ya tallaba copas y medallas) pensó que era tiempo de probar con las gafas y anteojos.

Primero -con sus ahorros- instaló una fábrica que proveía cristales y vidrios a otras marcas. Luego, se preguntó: ¿Por qué no lanzo yo mi propia marca? Y ahí nacieron los cristales que ahora están en los Ray Ban, por ejemplo. La fábrica Luxottica de Leonardo había ganado. Es más, la firma italiana es la actual propietaria de los Ray Ban en la actualidad.

La conclusión será de cualquiera que lea esto.

De nadie más.

Más de uno dirá: “Bueno, pero mientras estos y unos pocos más, llegaron hay tantos otros que quedan por el camino”.

Y razón no le faltará.

Pero resulta evidente que con esfuerzo, talento y tesón la inteligencia puede abrirse camino en el mundo.

El ser humano como tal es el mejor ejemplo. No es el que corre más rápido, ni el que nada más veloz, no es el que atrapa más rápido ni trepa más fuerte. Y sin embargo, en la escala zoológica está bien arriba. Ese “algo” que lo llevó ahí arriba implica talento, inteligencia y capacidad de adaptación, como diría un Darwin allá por el siglo XIX.

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