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miércoles, junio 19, 2024

La guerra en este mismo instante: el monstruo grande se despertó

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Hace más de medio siglo, el poeta Miguel Cantilo describía las desgracias de la guerra. De una o de otra. De cualquiera. A 40 años de Malvinas y a casi dos décadas de la guerra de Irak, el mundo (pero principalmente, los ucranianos, en su gente sencilla) tiembla ante los desastres de este monstruo grande, como cantaba otro poeta del rock, León Gieco.

La canción es del disco Conesa y data de 1972. Sí. Hace exactamente 50 años. Su vigencia es absoluta en especial en lo que cantaban estos jóvenes argentinos.

En este mismo instante
dos manos semejantes
a las que tenés puestas
donde se acaba el brazo amasan el peligro
gatillan un balazo o encuentran una herida
con sangre que la irriga como esa catarata
que vuelca la corbata

Desde el 24 de febrero el mundo tiembla. Los más débiles suelen temblar más.

Y la canción de Cantilo seguía así.

En tanto que tus ojos me ven que estoy cantando
y mientras tus orejas

se aflojan escuchando hay ojos que revienta
apuntan pero aciertan y vuelan mil orejas,
junto con las cabezas de audaces inocentes

“Los audaces inocentes”

Y luego describía lo que ocurría en los campos de batalla.

Ahora exactamente, y ahora o en otro lado
mientras con tu zapato mi ritmo vas siguiendo
hay gente sacudiendo sus botas en la marcha
así, sobre la escarcha
de una mañana fría, de una mañana fría
tal vez sin mediodía, tal vez sin mediodía

Y ahí llegaba la parte más dramática de la canción.

Pero también ahora en un lugar distante
hay manos elegantes
para premiar solapas que clavan en los mapas
sus uñas distinguidas que sacrifican vidas

enviando regimientos

Manos que se lavan en desentendimiento

Pilatos de escritorios los cristos al combate
mientras mi canto late
hay jóvenes cayendo y yo o voy sintiendo
por eso no termino y escupo al asesino
y escupo al asesino

No importa de que ismo
me cago en el imperialismo
y en totalitarismo y en el colonialismo
y en todo los ismos

No importa de que ismo los chicos van cayendo
y yo lo estoy sintiendo manos duras que matan
manos finas que mandan matar manos finas que mandan matar

O tal vez valga recordar a Joan Manuel Serrat cuando cantaba A quien corresponda.

“…Y si no tuviera en su mano
poner coto a tales desmanes,
mándeles copiar cien veces
esas cosas no se hacen (…)
que la tierra cayó en manos
de unos locos con carnet”.

Y tal vez la propia canción de León Gieco, sí, esa misma que hablaba del monstruo grande y que pisa fuerte. Toda la pobre inocencia de la gente.

“Solo le pido a Dios
Que la guerra no me sea indiferente
Es un monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente”

Ahí van los compases que la gente acompaña con sus palmas.

El monstruo grande acaba de despertarse y quiere pisar y destruir toda la inocencia de la gente

Y el propio Cantilo cerraba su canción de una forma tan dolorosa, como cercana y humana.

En este mismo instante
a un joven delirante
la muerte lo desgarra
la muerta lo desgarra
y yo con mi guitarra
y ustedes escuchando

El tanque, símbolo de la guerra, aplasta a un coche particular; el chofer milagrosamente sobrevive
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