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jueves, diciembre 8, 2022

Una auténtica familia yerbatera

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Un ejemplo de cómo un matrimonio con sus hijos en edad escolar pudieron dar un paso fundamental y volver a vivir de la chacra. Ellos son María Viera y Horacio Bezchlibiak de Concepción de la Sierra

María Viera y Horacio pueden decirlo con toda la voz: “¡Qué orgullosos estamos de ser PEQUEÑOS PRODUCTORES, verdad Horacio Bezchlibiak!” Y lo pone así en ALTA, con todas MAYÚSCULAS para resaltar en su Facebook.

Arriba que hay que llevar la yerba cosechada al secadero. María y su familia.

No es para menos, ambos junto a sus dos hijos María Arel y Juan viven en Concepción de la Sierra un epicentro de la producción yerbatera de Misiones. Y desde allí, constituyen un ejemplo de cómo se puede vivir de lo que produce la chacra y animarse a nuevas tecnologías que cuidan la tierra y lo que esta produce.

María muestra una imagen y pone:

“Pido a los que aman el aire libre que publiquen una foto. Sólo una foto. Sin descripción. El objetivo es recuperar la paz y la armonía sin negatividad”

Sí, en la chacra también hay que hacer cosecha de agua. Y todos trabajan.

Eso denota su forma de ser.

Así, el testimonio de María es alentador: “Tenemos dos niños que van a la escuela y con mi marido nos dedicamos a trabajar e invertir en el yerbal. Y digo invertir porque hay que devolverle algo de lo mucho que nos da, un subsolado, fertilizantes… y con eso, sumado a recomendaciones de la técnica del INYM,  nuestra experiencia indica que se puede vivir de la yerba:  Hace dos años y medio dejé de trabajar de empleada y mi marido dejó de tarefear (cosechar yerba para otros) y cortar pasto en otros yerbales; ya hizo un verano que no necesitamos ir a trabajar afuera”.

Con la hija que también ayuda en las tareas culturales de la chacra.

Todo un ejemplo.

Ahí se los ve en las frías mañanas de invierno, cuando hacen un fueguito mientras se preparan para tarefear.

María no es de las que esquivan el bulto. No. “Misiones no es para amarillentos”, dirá más de uno cuando la vea a ella acarrear en su espalda una bolsa de 35 ó 40 kilos de hojas y ramas cortadas que van a parar a la caja de la vieja chatita Chevrolet que tienen con Horacio.

No. No es último modelo ni mucho menos. Pero rinde. Trabaja. Se acarrea la producción y se ahorra en flete.

Y sí, cuando de trabajar se trata, no sólo la pareja va. También los hijos suelen participar de las tareas culturales en la chacra.

Todo suma: a la tecnología y el manejo de los cultivos se agrega el aporte de mano de obra familiar. Algunos saldrán con el viejo cuento del trabajo infantil. A eso, se le responde con otro pero mucho más real: los hijos y las personas pequeñas también aprenden la cultura del trabajo desde pequeños… y eso es lo que exactamente hace el matrimonio de María y Horacio con sus hijos.

María sabe que no todo es trabajo. Ama la música y bailar.

Pero lo más importante está en que se animaron a producir y poner en marcha un viejo yerbal de 3,5 hectáreas que con prácticas asesoradas ha mejorado y produce más y mejor.

Pero de vez en cuando, van a un capuerón y se encuentran con “sorpresas”

Horacio exhibe un ejemplar de una víbora (parece ser una coral o falsa coral).      

“Qué peligro –comenta su amiga Claudia y agrega- Cuidate María vos y a los chicos”.

-Sí, contesta ella-. Eso era un capueral y apareció. Pero quédate tranquila. Sí,  Clau con botas nosotros y a los chicos no los llevamos en esa parte…gracias.

María sabe que la zafra son seis meses y otros tantos el trabajo decae. Pero ella no se va a quedar quieta. Tiene su local donde prepara verduras y la verdad es que se ven muy atractivas y sabrosas.

Por esta altura del año, no. La yerba es desde abril mayo hasta octubre. Pero luego queda tiempo. “Sí, solo hago ensaladas…es una extra para cuando no hay zafra…ya que seguiremos trabajando en la chacra pero desde muy temprano hasta las 10 por el calor y entonces tengo tiempo de preparar unas bandejas…obvio ya la noche anterior cocino lo necesario remolacha, brocolis etc…ya que nuestra hija comenzará Dios Padre mediante la facultad el próximo año”.

Si, la hija de María y Horacio espera empezar en 2023 el profesorado en Educación Física en el Montoya y ellos se están preparando para ese nuevo desafío. “Estamos muy ilusionados: imagínese que ni mi marido ni yo terminamos la secundaria”, se esperanza la madre.

El Inym se acercó y pudo ver los progresos de María y de Juan con eso de apostar a la yerba asociada a la naturaleza ya que aplican prácticas amigables con el ambiente para mejorar la productividad.

 “A quienes tienen una o más hectáreas de yerba improductivas y dicen que no pueden vivir de eso, quiero decirles que si se puede, que sólo es cuestión de escuchar los consejos que dan los técnicos del INYM y ponerse a trabajar”, señaló Horacio.

Hace dos años iniciamos ese camino y el último verano pasamos sin tener que salir a buscar un empleo, viviendo de lo que nos da la yerba”. Optimista, esperanzador, el mensaje de  María Estela Viera, productora de Concepción de la Sierra, ilustra el objetivo del Servicio de Extensión Yerbatero del INYM en toda la zona productora.


María y su esposo Horacio Bezchlibiak tienen 3,5 hectáreas de yerba mate, una parte corresponde a un cultivo de más de 40 años y otra parte de una plantación más reciente.  Dedican la mayor parte de su tiempo a mejorar la productividad con prácticas sustentables recomendadas por el INYM y con buenos resultados. El año pasado cosecharon 2.800 kilos de hoja verde, y para este 2021 prevén una mejora sustancial: 3.500 kilos por hectárea. Esto es, una mejora del 25 por ciento en productividad.

Cuidar el suelo. La cubierta verde es la forma de proteger las plantas de yerba mate.

Amigos de la naturaleza

El viejo yerbal fue ampliado preservando la naturaleza.  Al despejar la superficie para plantar, dejaron en pie algunos árboles y prevén incorporar más en el lugar. “Leí algunas notas del INYM y también vi en la tele que los árboles son aliados nativos de la yerba mate, que ayudan a mitigar los efectos del sol, del viento y las plagas, así que cuando limpiamos la tierra para plantar dejamos los árboles y ahora sacamos semillas de paraíba, que es típico de esta zona, para sembrar”, agregó.


Los plantines de yerba recién incorporados al suelo son atendidos con muchos esmero. “Cuidamos muchos las plantitas, incluso cuando recién plantamos, regamos con agua que trajimos de un arroyo y  prendieron”, contó María.
Para proteger el suelo, los productores recibieron del INYM semillas de cubiertas verdes. “Nos dieron 10 kilos de nabo forrajero, 15 de cebadilla y 15 de avena. Sembramos todo con azada porque no queremos meter (el tractor con) rastra”.

Hay una frase que decía: “Antes, cuanto más rojo el suelo, mejor; hoy sabemos que es lo contrario: cuanto más verde, mejor”, contó Juan.

Corte de rama madura

A la hora de la cosecha, el corte tradicional es reemplazado por el de rama madura. “Antes, previamente hacíamos el viruteo y después sacábamos toda las ramas verdes, pero ahora no: resolvimos experimentar  únicamente con rama madura y se ve la diferencia, un 60 por ciento de diferencia”, destacó el hombre.

El yerbal tiene más de 40 años. “Acá se hacía un manejo de mucha rastra, herbicida y cosecha tradicional. Este año se decidió implementar una mejora en manejo de suelo y planta para recuperar al rinde de hojas”, explicó Vanesa Ortega, técnica del INYM, quien brinda asistencia a productores ubicados en Leandro N Alem, Gobernador López, Mojón Grande, Itacaruaré y Concepción de la Sierra.

Vanesa Ortega es la técnica que ha estado asesorando al matrimonio de María y Horacio

 Cuidar el suelo

Para mejorar la infiltración y retención de agua, el suelo fue atendido con “un subsolado calle de por medio”, indicó.
Las plantas, por su parte, también recibieron un tratamiento diferencial. “Se hizo un rebaje intensivo, profundo; este año se hizo limpieza y rebaje de altura. Como no generaba buena brotación, se sacó madera vieja y se dejaron brotes nuevos”, agregó.

La transición entre el tradicional manejo de yerbal y las nuevas prácticas, más amigables con el ambiente, va dando sus frutos.

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